Un hombre camina solo tiempo adentro de la siembra
esta paseando su angustia sobre su vida de tierra
que son las pocas hectáreas de esa chacra pura pena
donde siempre tuvo algo que vino aguarle la fiesta
Unas veces las heladas que vinieron tempraneras,
otras veces fueron plagas, otras lluvia y otras seca,
la cosa es que nunca tuvo cosecha que fuera buena
Ahora es otoño en su vida, esa vida que se seca
como esta seca la chacra culpa del sol que la quema
Hoy ya no sabe que hacer, se pasea y se pasea,
los ojos mirando lejos como añorando su tierra
o mirando en años mozos cuando a estas playas viniera,
porque a veces algo ayuda el recordar cosas viejas.
Pensar en cuando llegó, una mañana serena
amanecer de ilusiones que iluminaron su senda
para que encuentre un arado y se olvide de la guerra,
Ilusiones que anduvieron caminando en tierra suelta
cantando junto a su dueño con cada gota de siembra,
ilusión que hecha capullos le permitió que intentara
traer a la que esperaba en un pueblito de Europa
para ser su compañera
Y al poco tiempo llego la tímida Federenca,
pelo rubio y ojos claros que apuntalaron la siembra
iluminando aquel rancho con su menuda presencia
Llegó la gringa y la chacra parecía estar de fiesta
Aparecieron cortina y hasta mantel en la mesa,
cantaron mejor las aves al ver que llegó una dueña
Y tuvo otro gusto el pan que amasara por las noches
en ese andar de impaciencia porque la gringa era arisca
para andarse con pereza.
Y a todo le puso el lomo sin preguntar cuanto pesa,
y así pasaron seis años persiguiendo la cosecha.
Mas lo bueno dura poco y la pobre cayó enferma.
El gringo desesperaba sin saber como atenderla,
temblando la llevó al pueblo
cuerpeándole a la picada su sendero de culebra,
y sin medir el cansancio de aquellas sus pobres bestias
entró al galope en el pueblo como a ganarle a la muerte
una vida en la carrera.
Y en esa misma volanta mensajera de cosechas
muy triste por la picada llorando trajo sus penas,
porque se volvió muy solo sin la pobre Federenca
que se quedó para siempre debajo un poncho de tierra
Iba llegando a la chacra y en el rancho creyó verla
repitiendo esas palabras que al morir ella dijiera
- Cuidá la chacra José, trabaja y nunca la vendas.
Y allí comenzó a vivir las cuentas de su existir
en un rosario de penas
porque además de faltarle su tan guapa compañera
el destino desde entonces le mezquinó las cosechas.
Por eso camina solo bajo aquel sol que lo quema
como queriendo en su andar gastar el surco
hasta hundirse para siempre en esa tierra
como queriendo encontrar junto a perdidas cosechas
La figura angelical de su buena Federenca
para seguir siempre juntos caminando de la mano
tiempo adentro de la siembra.
enero 12, 2011
EL REMATE-YAMANDU RODRIGUEZ
Falta el aire y sobran moscas,
este domingo de Enero.
El sol fríe las chicharras…
duerme un matungo azulejo…
Algunos pollos con árganas
están de picos abiertos.
En los charquitos de sombra
hay unas guachas bebiendo.
Por los caminos calientes
pasa la siesta en su lerdo.
Ojos azules de cardos
curiosean desde lejos
y asoman por als goteras
ojos azules de cielo…
Todo es dulce de tan pobre…!
Frente al rancho del estanteo
que anda con los cuatro codos
deshilachados de tiempo,
subasta un rematador
las pilchas de un criollo viejo.
Hay muchos interesados
son vecinos todos ellos,
muchachos que hast’hace poco
le llamaban: el agüelo.
Recostao en el palenque,
los mira tristón el viejo:
han ido a comprar barato
cosas que no tienen precio…
Y piensa con amargura:
Ya no da criollos el tiempo…!
__ “¿Qué vale este par de espuelas?”
Y las rodajas de fierro
son como dos lagrimones
que llorasen por su dueño.
Con ellos salió a ganar,
hace ya muchos inviernos,
la novia en un bagual blanco;
la vida en un bagual negro.
Los mozos suben la oferta:
__ “Doy diez, quince, veinte pesos!”
Disputan como caranchos
el corazón del agüelo.
Al escucharle se pone
rojo de vergüenza el ceibo.
__“Son suyas las nazarenas”
dice a uno el martillero.
Le han vencido las lloronas
hoy, por desgracia! Hoy, tan luego
que en el palenque, la vida
ató su bagual más negro…
y piensa con amargura:
Ya no da criollos el tiempo…!
Sacan a la venta un poncho,
donde garúan los flecos
para mojarle los ojos
al que se lo lleve puesto.
Tiene la boca surcida
Y lo gastó tanto el viento,
que al trasluz del calamaco
se ve la historia del dueño…
Guampas, chuzas y facones
lo cribaron de agujeros…
pero su filosofía
siempre le puso remiendos:
de día con un celeste;
de noche con un lucero.
__ Yo pago por esa pilcha
toda la plata que tengo!
__ Subo una onza la oferta!
__ Si no hay quién de más, lo quemo!
Entonces cai el martillo
en lo duro de silencio…
Un joven se lleva el poncho.
Y allí se acerca el gaucho viejo
está temblando de frío
en una tarde de Enero,
y piensa con amargura:
ya no da criollos el tiempo…!
Así pierde en la bajada
lo que ganó de repecho:
una a una las ovejas;
pilcha por pilcha, el apero…
Quisiera salvar del lote
su mancarrón azulejo,
pa que lo agarre la noche
en un caballo estrellero.
No tiene más que uno. Y ese
se lo quema el martilero!
Allí termina el remate.
Cobró su cuenta el pulpero.
Aura sí: al verlo de a pie
tan amargo, tan deshecho,
todos los rumbos arrollan
los lazos de los senderos
y son cuatro pialadores
que están esperando al viejo:
en cuanto quiera salir,
lo van a dar contra el suelo!
Entonces, aquellos mozos,
se acercan a defenderlo
y el más ladino le dice
entre temblón y risueño:
__ Todos compramos sus pilchas
pa’ salvárselas agüelo.
Aquí tiene sus espuelas…
Aquí tiene su azulejo…
Uno le trai en los brazos
igual que un niño, el apero
y otro le entibia las manos
con aquél poncho de flecos…
porque sigue dando criollos
muy lindos criollos, el tiempo!
este domingo de Enero.
El sol fríe las chicharras…
duerme un matungo azulejo…
Algunos pollos con árganas
están de picos abiertos.
En los charquitos de sombra
hay unas guachas bebiendo.
Por los caminos calientes
pasa la siesta en su lerdo.
Ojos azules de cardos
curiosean desde lejos
y asoman por als goteras
ojos azules de cielo…
Todo es dulce de tan pobre…!
Frente al rancho del estanteo
que anda con los cuatro codos
deshilachados de tiempo,
subasta un rematador
las pilchas de un criollo viejo.
Hay muchos interesados
son vecinos todos ellos,
muchachos que hast’hace poco
le llamaban: el agüelo.
Recostao en el palenque,
los mira tristón el viejo:
han ido a comprar barato
cosas que no tienen precio…
Y piensa con amargura:
Ya no da criollos el tiempo…!
__ “¿Qué vale este par de espuelas?”
Y las rodajas de fierro
son como dos lagrimones
que llorasen por su dueño.
Con ellos salió a ganar,
hace ya muchos inviernos,la novia en un bagual blanco;
la vida en un bagual negro.
Los mozos suben la oferta:
__ “Doy diez, quince, veinte pesos!”
Disputan como caranchos
el corazón del agüelo.
Al escucharle se pone
rojo de vergüenza el ceibo.
__“Son suyas las nazarenas”
dice a uno el martillero.
Le han vencido las lloronas
hoy, por desgracia! Hoy, tan luego
que en el palenque, la vida
ató su bagual más negro…
y piensa con amargura:
Ya no da criollos el tiempo…!
Sacan a la venta un poncho,
donde garúan los flecos
para mojarle los ojos
al que se lo lleve puesto.
Tiene la boca surcida
Y lo gastó tanto el viento,
que al trasluz del calamaco
se ve la historia del dueño…
Guampas, chuzas y facones
lo cribaron de agujeros…
pero su filosofía
siempre le puso remiendos:
de día con un celeste;
de noche con un lucero.
__ Yo pago por esa pilcha
toda la plata que tengo!
__ Subo una onza la oferta!
__ Si no hay quién de más, lo quemo!
Entonces cai el martillo
en lo duro de silencio…
Un joven se lleva el poncho.
Y allí se acerca el gaucho viejo
está temblando de frío
en una tarde de Enero,
y piensa con amargura:
ya no da criollos el tiempo…!
Así pierde en la bajada
lo que ganó de repecho:
una a una las ovejas;
pilcha por pilcha, el apero…
Quisiera salvar del lote
su mancarrón azulejo,
pa que lo agarre la noche
en un caballo estrellero.
No tiene más que uno. Y ese
se lo quema el martilero!
Allí termina el remate.
Cobró su cuenta el pulpero.
Aura sí: al verlo de a pie
tan amargo, tan deshecho,
todos los rumbos arrollan
los lazos de los senderos
y son cuatro pialadores
que están esperando al viejo:
en cuanto quiera salir,
lo van a dar contra el suelo!
Entonces, aquellos mozos,
se acercan a defenderlo
y el más ladino le dice
entre temblón y risueño:
__ Todos compramos sus pilchas
pa’ salvárselas agüelo.
Aquí tiene sus espuelas…
Aquí tiene su azulejo…
Uno le trai en los brazos
igual que un niño, el apero
y otro le entibia las manos
con aquél poncho de flecos…
porque sigue dando criollos
muy lindos criollos, el tiempo!
enero 02, 2011
NAVIDAD GAUCHA de MAXIMO CENOZ SENDIC (1924-2009)
Por lo criollo de su cuna,
que fue un cajón lleno e ´pasto
porque nació en un ranchito
perdido en medio del campo
apenitas si su Madre
se abajara del montado
una noche que de oscura
¡no se véian ni las manos!
y se hizo candil la estrella
de Belén, para alumbrarlo.
Porque fueron los primeros
en llegar a saludarlo
paisanos qu´en las laderas
cuidaban de los rebaños,
y uno le dio un corderito
para que tuviera un guacho;
otro , lo abrigó en la cuna
con un pelego, ¡ bien blanco!
Y fue su primer juguete
el cencerro de un buey manso
De mozo, se hizo tropero;
le dio por ir arrimando
al potrero de la Gloria
las almas de los cristianos.
Y en las “sueltas” que paraba
lo rodeaban los paisanos,
unos porque estaban rengos;
otros porque estaban mancos,
¡y hasta el ciego pudo ver,
y hasta el mudo salió hablando!
Porque pudo ser soberbio
y fue, ¡tan prudente y manso!
que de Todopoderoso
nunca anduvo compadreando,
que mas predicó con obras
que con su hablar “comparando”,
y por los trillos que hacía
siempre iba dando una mano,
mientras anduvo en la Tierra
durante treinta y tres años.
Y al final, Jesús, el justo,
injustamente acusado
(por no saber lo que hacían,
como dijo al perdonarlos),
allá en la punta de un cerro
sobre una cruz estaqueado,
tras repartirse sus prendas
lo bandiaron de un lanzazo
sin ver que matarle el cuerpo,
era espiritualizarlo.
Por lo criollo de su cuna
como empezó este relato,
por lo digno de su vida
y por su muerte, ¡ a lo macho!
-en defensa de su Patria-
no les quede duda hermanos:
que en aquella Nochebuena
en tiempo y lugar lejano,
al nacer el Nazareno,
con El, ¡ nació el primer gaucho!
que fue un cajón lleno e ´pasto
porque nació en un ranchito
perdido en medio del campo
apenitas si su Madre
se abajara del montado
una noche que de oscura
¡no se véian ni las manos!
y se hizo candil la estrella
de Belén, para alumbrarlo.
Porque fueron los primeros
en llegar a saludarlo
paisanos qu´en las laderas
cuidaban de los rebaños,
y uno le dio un corderito
para que tuviera un guacho;
otro , lo abrigó en la cuna
con un pelego, ¡ bien blanco!
Y fue su primer juguete
el cencerro de un buey manso
De mozo, se hizo tropero;
le dio por ir arrimando
al potrero de la Gloria
las almas de los cristianos.
Y en las “sueltas” que paraba
lo rodeaban los paisanos,
unos porque estaban rengos;
otros porque estaban mancos,
¡y hasta el ciego pudo ver,
y hasta el mudo salió hablando!
Porque pudo ser soberbio
y fue, ¡tan prudente y manso!
que de Todopoderoso
nunca anduvo compadreando,
que mas predicó con obras
que con su hablar “comparando”,
y por los trillos que hacía
siempre iba dando una mano,
mientras anduvo en la Tierra
durante treinta y tres años.
Y al final, Jesús, el justo,
injustamente acusado
(por no saber lo que hacían,
como dijo al perdonarlos),
allá en la punta de un cerro
sobre una cruz estaqueado,
tras repartirse sus prendas
lo bandiaron de un lanzazo
sin ver que matarle el cuerpo,
era espiritualizarlo.
Por lo criollo de su cuna
como empezó este relato,
por lo digno de su vida
y por su muerte, ¡ a lo macho!
-en defensa de su Patria-
no les quede duda hermanos:
que en aquella Nochebuena
en tiempo y lugar lejano,
al nacer el Nazareno,
con El, ¡ nació el primer gaucho!
LA COCINA EN NAVIDAD-CUENTO DE JAVIER DE VIANA (1868-1926)
La cocina era grande, gruesos los muros de cebato y espesa la techumbre pajiza. Tanto el calor como el frio tenían que forcejear mucho para meterse adentro.
Pero en aquel 24 de diciembre, el aire parecía hecho con polvo de plomo hirviendo, y los peones optaron por cenar en el patio, y aun allí achicharábalos la canícula-
-Me s´está reditiendo el sebo! quejose un indiecito ético. Y respondió el capataz:
-Se mi hace qu´el sebo suyo no alcanza pa sobar una manea. Si juese el negro Pedro…
-¿Qué hay con el negro Pedro? –interrogó fingiendo enojo el aludido.- ¡Siempre lo han de sacar a bailar al negro Pedro!...
-¡Lo qu´es hoy, hermano-terció otro peón,- si alguno se saca a bailar se afisea.
-¡Por qué decís?
-Porque se ti´van a redetir las catingas…
-Pa mí-opinó el capataz,- qu´el viento sopla de las Uropas y nos escupe el calor de los cañonazos.
-A mi no me cabe ni un bocao de comida en la barriga
- Es que la panza es como cuero fresco que encoge con el calor
Continuaba la guerrilla de sátiras, cuando se presentó en la puerta Tía Filomena. En la luz del crepúsculo, la cara de la vieja se confundía con el ébano lustrado del hollín de las paredes. Desde el patio, los gauchos advirtieron entre la blancura lechosa de las motas y el color claro de la zaraza del vestido, una bola negra con un largo tajo transversal formado por el nácar de los dientes.
Puestos los brazos en jarra y balanceando la cabeza de hombro a hombro, la vieja negra increpó:
-Siga no más la prosa!...¡ A vé si se acaban de una vé la merienda y se presienta un comedido p´ayudarme a sobar la masa!
-¿Tenemo amasijo mañana, tía Filomena?
-Dijuro, carece hacé la torta por Navidad.
-¿Navidá? …¿Qué bicho es ese?...
-¿Gúé! …¿No sabé que e´Navidá el…Señor?
-¿El patrón?
-¡Nuestro Señó Jesucristo, animal! Ya sé ve que nunca fuiste a l´Iglesia, hereje!...
- Cuente eso, morocha- rogó Pedro y la vieja, que no deseaba otra cosa, púsose en cuclillas y empezó:
-Pue….había un carpintero llamado don José que se casó con Ña María, pero por podé, porque vivía en otro pago y tenía mucho trabajo apurao y no podía dir pal casorio…Y aconteció que poco dispues Tata Dios la mandó a ña María al alcalde San Gabriel…
-San Gabriel?...No lo conozco. ¿ De qué partido?
-Yo no sé. Güeno, dejame seguir. El alcalde le dijo a ña María que Tata Dio la había elegido pa que juese la madre ´e Jesucristo, quien, cuando juese grande, debía encabezar una gran regolución pa redotar al gobierno y castigar a los comesarios, polecías y alcaldes qu´estaban viviendo a costillas del país…
-Pu ´ese lado iba bien el alcalde…
-…..pero como nunca falta un chismoso, le jueron con el cuento al gobernador, un tal de apelativo Horrores, quien sobre el pucho mandó tres comesarios pa qu´en seguida que naciera el niño lo degollaran ahí no más…
-¡Canallas!
-Pero Tata Dió, que tuito lo sabe primero ´e nadie, llamó un angelito, le hizo ensillar su mejor parejero y lo fletó pa la casa ´e ño José, p´alvertirle que debía buscar su mujer, cargarla en ancas y juir de la provincia. Obedeció ño José y dispues de trotiar muchas leguas llegó al escurecer al pueblo de Belén
-Belén?....eso es en la banda Oriental, yo estuve..
- Será, yo no sé….Jueron a una fonda, desensillaron y, como no había posada porque habían caído muchos forasteros, tuvieron que hacer noche en la caballeriza. Y ahí nomá le vinieron los dolores a misia María, y tuvo que desocuparse sobre un montón de paja..
-Ansina también nací yo! –interrumpió Pedro.
- En seguidita Tata Dio le telegrafió a lo Tres Reyes mágicos-uno era negro- y los tres reyes agarraron los caballo y marcharon esa mesma noche para dir a ponerse a las ordenes del gurí recién nacido. La noche era oscurísima, pero había una estrella grandota que caminaba delante de ellos señalando el rumbo…
- ¡El lucero, a la fija!....
-Sería. Los jefes llegaron y se arregló cospiración, teniendo por jefe a nuestro Señó Jesucristo, ricien nacido….Mañana es el santo de nuestro Señó Jesucristo y carece festejarlo…
El negrillo Pedro, que, de todo el largo relato sólo había recogido una frase, se puso de pie en medio del grupo y dijo, con cómica arrogancia:
-¿Han oído?...entre los generales de nuestro seño Jesucristo hubo un negro…¡Qui era rai, nada menos!...¿ y dispues haganlé poco caso a los negros!....
Pero en aquel 24 de diciembre, el aire parecía hecho con polvo de plomo hirviendo, y los peones optaron por cenar en el patio, y aun allí achicharábalos la canícula-
-Me s´está reditiendo el sebo! quejose un indiecito ético. Y respondió el capataz:
-Se mi hace qu´el sebo suyo no alcanza pa sobar una manea. Si juese el negro Pedro…
-¿Qué hay con el negro Pedro? –interrogó fingiendo enojo el aludido.- ¡Siempre lo han de sacar a bailar al negro Pedro!...
-¡Lo qu´es hoy, hermano-terció otro peón,- si alguno se saca a bailar se afisea.
-¡Por qué decís?
-Porque se ti´van a redetir las catingas…
-Pa mí-opinó el capataz,- qu´el viento sopla de las Uropas y nos escupe el calor de los cañonazos.
-A mi no me cabe ni un bocao de comida en la barriga
- Es que la panza es como cuero fresco que encoge con el calor
Continuaba la guerrilla de sátiras, cuando se presentó en la puerta Tía Filomena. En la luz del crepúsculo, la cara de la vieja se confundía con el ébano lustrado del hollín de las paredes. Desde el patio, los gauchos advirtieron entre la blancura lechosa de las motas y el color claro de la zaraza del vestido, una bola negra con un largo tajo transversal formado por el nácar de los dientes.
Puestos los brazos en jarra y balanceando la cabeza de hombro a hombro, la vieja negra increpó:
-Siga no más la prosa!...¡ A vé si se acaban de una vé la merienda y se presienta un comedido p´ayudarme a sobar la masa!
-¿Tenemo amasijo mañana, tía Filomena?
-Dijuro, carece hacé la torta por Navidad.
-¿Navidá? …¿Qué bicho es ese?...
-¿Gúé! …¿No sabé que e´Navidá el…Señor?
-¿El patrón?
-¡Nuestro Señó Jesucristo, animal! Ya sé ve que nunca fuiste a l´Iglesia, hereje!...
- Cuente eso, morocha- rogó Pedro y la vieja, que no deseaba otra cosa, púsose en cuclillas y empezó:
-Pue….había un carpintero llamado don José que se casó con Ña María, pero por podé, porque vivía en otro pago y tenía mucho trabajo apurao y no podía dir pal casorio…Y aconteció que poco dispues Tata Dios la mandó a ña María al alcalde San Gabriel…
-San Gabriel?...No lo conozco. ¿ De qué partido?
-Yo no sé. Güeno, dejame seguir. El alcalde le dijo a ña María que Tata Dio la había elegido pa que juese la madre ´e Jesucristo, quien, cuando juese grande, debía encabezar una gran regolución pa redotar al gobierno y castigar a los comesarios, polecías y alcaldes qu´estaban viviendo a costillas del país…
-Pu ´ese lado iba bien el alcalde…
-…..pero como nunca falta un chismoso, le jueron con el cuento al gobernador, un tal de apelativo Horrores, quien sobre el pucho mandó tres comesarios pa qu´en seguida que naciera el niño lo degollaran ahí no más…
-¡Canallas!
-Pero Tata Dió, que tuito lo sabe primero ´e nadie, llamó un angelito, le hizo ensillar su mejor parejero y lo fletó pa la casa ´e ño José, p´alvertirle que debía buscar su mujer, cargarla en ancas y juir de la provincia. Obedeció ño José y dispues de trotiar muchas leguas llegó al escurecer al pueblo de Belén
-Belén?....eso es en la banda Oriental, yo estuve..
- Será, yo no sé….Jueron a una fonda, desensillaron y, como no había posada porque habían caído muchos forasteros, tuvieron que hacer noche en la caballeriza. Y ahí nomá le vinieron los dolores a misia María, y tuvo que desocuparse sobre un montón de paja..
-Ansina también nací yo! –interrumpió Pedro.
- En seguidita Tata Dio le telegrafió a lo Tres Reyes mágicos-uno era negro- y los tres reyes agarraron los caballo y marcharon esa mesma noche para dir a ponerse a las ordenes del gurí recién nacido. La noche era oscurísima, pero había una estrella grandota que caminaba delante de ellos señalando el rumbo…
- ¡El lucero, a la fija!....
-Sería. Los jefes llegaron y se arregló cospiración, teniendo por jefe a nuestro Señó Jesucristo, ricien nacido….Mañana es el santo de nuestro Señó Jesucristo y carece festejarlo…
El negrillo Pedro, que, de todo el largo relato sólo había recogido una frase, se puso de pie en medio del grupo y dijo, con cómica arrogancia:
-¿Han oído?...entre los generales de nuestro seño Jesucristo hubo un negro…¡Qui era rai, nada menos!...¿ y dispues haganlé poco caso a los negros!....
octubre 23, 2010
EL PAGO: ESTILO POPULAR ANONIMO
Eres de mi rancho alero
y del recado la cincha,
de mi frente eres la vincha
que llevo bajo el sombrero;
eres el nido de hornero
donde anida mi cancion
y freno de mancarrón
que cruza el desierto al paso,
en fin,pago, eres el lazo
que pialó mi corazón.
Eres el gaucho tropero
el alma pura y sencilla,
eres la verde gramilla
donde retoza mi overo;
eres el viento pampero
en el triste atardecer,
mas eres amanecer
en la cuchilla ondulada,
eres la flor colorada
en el ceibo , al florecer.
Eres llama del fogón
donde se dora el asado
y cimarrón ensillado
que da jugo al corazón;
eres tierna vibración
de la guitarra querida
la única que en la vida
nos va endulzando el dolor,
eres, en fin, esa flor
de espinillo desprendida.
y del recado la cincha,
de mi frente eres la vincha
que llevo bajo el sombrero;
eres el nido de hornero
donde anida mi cancion
y freno de mancarrón
que cruza el desierto al paso,
en fin,pago, eres el lazo
que pialó mi corazón.
Eres el gaucho tropero
el alma pura y sencilla,
eres la verde gramilla
donde retoza mi overo;
eres el viento pampero
en el triste atardecer,
mas eres amanecer
en la cuchilla ondulada,
eres la flor colorada
en el ceibo , al florecer.
Eres llama del fogón
donde se dora el asado
y cimarrón ensillado
que da jugo al corazón;
eres tierna vibración
de la guitarra querida
la única que en la vida
nos va endulzando el dolor,
eres, en fin, esa flor
de espinillo desprendida.
agosto 28, 2010
ELIAS REGULES- SIN DERECHOS
Como gladiador cansado
Pierde las fuerzas el día,
Perfumando su agonía
El fresco soplo del prado.
Queda el oriente pintado
Por penumbras, con derroche;
Y en actitud de reproche,
Cuadrado el sol, de soslayo
Recoge su último rayo
Al presentarse la noche.
Con nuevo impulso verdea
La flora de la campaña,
Quebrando con faz huraña
Despojos de luz pigmea;
El pastizal parpadea
Sobre la inculta colina
En las regiones campestres,
Sueltan las aves silvestres
Su plegaria repentina.
Por apretado sendero
Sale del monte un jinete
Rompiendo el tupido brete
Del pajonal majadero.
Tema, recela y ligero,
Casi en pleno desvarío,
Le tira al campo y al río,
Á la izquierda y la derecha,
Una mirada de flecha
Que va á sondar el vacío.
Es desertor. Su delito
Le impone firme misterio
Y huyendo del cautiverio
Anda sin rumbo y solito.
Por las penuria marchito
Busca saludable riesgo;
Y en brutal desasosiego
Cuando el sentimiento brama,
Oye un rancho que lo llama
Con clamores de fuego.
Allá vá. Sabe segura
Que el sable lo pastorea,
Que es desigual la pelea,
Que es muy amargo el apuro.
Pero, gaucho fuerte y duro
Lleva un propósito fijo,
Guarda un tierno regocijo
Que lo arrastra desde lejos,
Hay en el rancho dos viejos
Que no los olvida el hijo.
Entre dudas y temores
Pisa la choza querida
Donde sembró su partida
Desalientos y dolores.
Toca á sus progenitores
con sobresalto sincero;
Y en el silencio campero,
Como indudable noticia,
Salta una franca caricia
Que se le escapa al matrero.
Es muy corta la visita
Porque lo quiere la suerte
Pues un pampero de muerte
Sobre su cuerpo palpita.
De la pareja bendita
Se despide sin rudeza;
Y al resolver con firmeza
Regresar á su retiro,
Monta llevando un suspiro
Para matar su tristeza.
Vuelve solo á la guarida,
Conquista de independencia
Preparado á la violencia
Y á vender cara su vida.
Nadie lo ampara ni cuida;
Nadie le ofrece perdón,
Que la carne de cañón
Y el siervo de mil señores,
No tiene mas defensores
Que su astucia y su facón.
Pierde las fuerzas el día,
Perfumando su agonía
El fresco soplo del prado.
Queda el oriente pintado
Por penumbras, con derroche;
Y en actitud de reproche,
Cuadrado el sol, de soslayo
Recoge su último rayo
Al presentarse la noche.
Con nuevo impulso verdea
La flora de la campaña,
Quebrando con faz huraña
Despojos de luz pigmea;
El pastizal parpadea
Sobre la inculta colina
En las regiones campestres,
Sueltan las aves silvestres
Su plegaria repentina.
Por apretado sendero
Sale del monte un jinete
Rompiendo el tupido brete
Del pajonal majadero.
Tema, recela y ligero,
Casi en pleno desvarío,
Le tira al campo y al río,
Á la izquierda y la derecha,
Una mirada de flecha
Que va á sondar el vacío.
Es desertor. Su delito
Le impone firme misterio
Y huyendo del cautiverio
Anda sin rumbo y solito.
Por las penuria marchito
Busca saludable riesgo;
Y en brutal desasosiego
Cuando el sentimiento brama,
Oye un rancho que lo llama
Con clamores de fuego.
Allá vá. Sabe segura
Que el sable lo pastorea,
Que es desigual la pelea,
Que es muy amargo el apuro.
Pero, gaucho fuerte y duro
Lleva un propósito fijo,
Guarda un tierno regocijo
Que lo arrastra desde lejos,
Hay en el rancho dos viejos
Que no los olvida el hijo.
Entre dudas y temores
Pisa la choza querida
Donde sembró su partida
Desalientos y dolores.
Toca á sus progenitores
con sobresalto sincero;
Y en el silencio campero,
Como indudable noticia,
Salta una franca caricia
Que se le escapa al matrero.
Es muy corta la visita
Porque lo quiere la suerte
Pues un pampero de muerte
Sobre su cuerpo palpita.
De la pareja bendita
Se despide sin rudeza;
Y al resolver con firmeza
Regresar á su retiro,
Monta llevando un suspiro
Para matar su tristeza.
Vuelve solo á la guarida,
Conquista de independencia
Preparado á la violencia
Y á vender cara su vida.
Nadie lo ampara ni cuida;
Nadie le ofrece perdón,
Que la carne de cañón
Y el siervo de mil señores,
No tiene mas defensores
Que su astucia y su facón.
ELIAS REGULES- “¿Por qué?
(abril 22 de 1896)
Al fecundo literato que firma Calisto El Ñato
En la extensión dilatada
De verde pasto cubierta,
En la superficie abierta
De la campaña quebrada
En la inmensa regada
Por el sosiego inaudito,
Como capricho fortuito
Surgiendo de vez en cuando,
Dos ranchos se están mirando
Al través de un arroyito.
En uno nació Julián,
El doncel de la pradera,
Gaucho de frase sincera
Puesta en cuerpo de titán;
En el otro con afán
Dieron el pecho á Ramón,
Un fornido mocetón
De trato sencillo y llano,
Tipo hermoso de paisano
Por estampa y corazón.
Juntos sintieron pasar
Entre el ruido de la estancia,
Los abriles de la infancia,
Las caricias del hogar;
Juntos pudieron mezclar
Sus expanciones nacientes;
Juntos miraron ardientes
Sus dolores y alegrías;
Juntos llenaron los días
Con sus juegos inocentes.
Y al pisar en el abismo
De la lucha por la vida
Donde tiene su guarida
La legión del egoísmo
Rayaba en el fanatismo
La unión de sus afecciones,
Y las mismas emociones
Brotaban entrelazadas
En dos mentes vinculadas
Por iguales impulsiones.
Pero, la guerra civil
Vino, repleta de saña,
A sacudir la campaña,
Con un empuje febril.
Y el arrojo varonil
De la pareja mentada
Dejó una historia cortada
Al usar en forma franca,
Julián la divisa blanca
Y Ramón la colorada.
Los ejércitos contrarios
Se hallan enfrente, por fin,
Y pide sangre el clarín
Por dos trapos funerarios.
Con bríos extraordinarios
Se columpian las melenas,
Y sembrando luto y penas
Al escuchar voz de mando,
Van las lanzas viboreando
Por ambiciones ajenas.
En la ruda dispersión
De aquel combate imponente,
Julián se vio de repente
Cara á cara con Ramón.
Una extraña sensación
Vino el cuadro á colorar,
Y llegándose á abrazar
Sin reparo ni testigos
Se dijeron los amigos:
¿Por qué nos hemos de odiar?”
Al fecundo literato que firma Calisto El Ñato
En la extensión dilatada
De verde pasto cubierta,
En la superficie abierta
De la campaña quebrada
En la inmensa regada
Por el sosiego inaudito,
Como capricho fortuito
Surgiendo de vez en cuando,
Dos ranchos se están mirando
Al través de un arroyito.
En uno nació Julián,
El doncel de la pradera,
Gaucho de frase sincera
Puesta en cuerpo de titán;
En el otro con afán
Dieron el pecho á Ramón,
Un fornido mocetón
De trato sencillo y llano,
Tipo hermoso de paisano
Por estampa y corazón.
Juntos sintieron pasar
Entre el ruido de la estancia,
Los abriles de la infancia,
Las caricias del hogar;
Juntos pudieron mezclar
Sus expanciones nacientes;
Juntos miraron ardientes
Sus dolores y alegrías;
Juntos llenaron los días
Con sus juegos inocentes.
Y al pisar en el abismo
De la lucha por la vida
Donde tiene su guarida
La legión del egoísmo
Rayaba en el fanatismo
La unión de sus afecciones,
Y las mismas emociones
Brotaban entrelazadas
En dos mentes vinculadas
Por iguales impulsiones.
Pero, la guerra civil
Vino, repleta de saña,
A sacudir la campaña,
Con un empuje febril.
Y el arrojo varonil
De la pareja mentada
Dejó una historia cortada
Al usar en forma franca,
Julián la divisa blanca
Y Ramón la colorada.
Los ejércitos contrarios
Se hallan enfrente, por fin,
Y pide sangre el clarín
Por dos trapos funerarios.
Con bríos extraordinarios
Se columpian las melenas,
Y sembrando luto y penas
Al escuchar voz de mando,
Van las lanzas viboreando
Por ambiciones ajenas.
En la ruda dispersión
De aquel combate imponente,
Julián se vio de repente
Cara á cara con Ramón.
Una extraña sensación
Vino el cuadro á colorar,
Y llegándose á abrazar
Sin reparo ni testigos
Se dijeron los amigos:
¿Por qué nos hemos de odiar?”
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