agosto 04, 2012

Orejano- Serafin J García


Yo sé qu'en el pago me tienen idea
porque a los que mandan no les cabresteo;
porque dispreciando las güeyas ajenas
sé abrirme caminos pa dir ande quiero.

Porque no me han visto lamber la coyunda
ni andar hocicando p'hacerme de un peso,
y saben de sobra que soy duro'e boca
y no me asujeta ni un freno mulero.

Porque cuando tengo que cantar verdades,
las canto derecho nomás, a lo macho,
aunq'esas verdades amuestren bicheras
ande naide creiba que hubiera gusanos.

Porque al copetudo de riñón cubierto
-pa quien n'usa leyes ningún comisario-
lo trato lo mesmo que al que sólo tiene
chiripá de bolsa pa taparse'l rabo.

Porque no m'enyenan con cuatro mentiras
los maracanases que vienen del pueblo
a elogiar divisas ya desmerecidas
y'hacernos promesas que nunca cumplieron.

Porque cuando truje mi china pal rancho
me olvidé que hay jueces p'hacer casamientos,
y que nada vale la mujer más güena
si su hombre por eya no ha pagao derecho.

Porque a mis gurises los he criao infieles
aunqu'el cura grite qu'irán al infierno,
y digo ande cuadre que pa nada sirven
los que sólo viven pirichando el cielo.

Porque aunque no tengo ni en qué cáirme muerto
soy más rico qu'esos que agrandan sus campos
pagando en sancochos de tumba reseca
al pobre pión, qu'echa los bofes cinchando.

¡Por eso en el pago me tienen idea!
¡Porqu'entre los ceibos estorba un quebracho!
¡Porque a tuitos eyos les han puesto marca
y tienen envidia de verme orejano!

¿Y a mí qué m'importa? ¡Soy chúcaro y libre!
¡No sigo a caudiyos ni en leyes me atraco!
¡Y voy por los rumbos clariados de mi antojo
y a naides preciso pa ser mi baquiano!

Maestra de campo - Luis Landriscina

Por la pereza del tiempo
el otoño estaba tibio,
ya que en el Chaco, el verano
es como dueño del sitio.
Y a veces demora en irse
sin importarle el destino.
Por eso es que aquella tarde
cuando bajó en la estación
del lerdo tren en que vino
su cuerpito era una brasa
por nuestro clima encendido.
Y se quedó en el andén
como asustada y con frío
por ser mucha juventud
pa´terreno tan arisco.
A más mujer, buenamoza
y en pago desconocido.
Y allí se quedó parada
en vago mirar perdido por,
por querer disimular
su temor a estar tan sola
y sin saber el camino.
Pero al momento nomás,
las toscas manos de un gringo,
callosas de tanto arar
y de pelearlo al destino
se acercaron bondadosas
y con ternura de niño
le dieron la bienvenida
en nombre de la escuelita
que hace mucho la esperaba
triste en el medio del monte
pa que alegrara a sus hijos.
Subieron al viejo carro
de aquel colono sufrido, y
y comenzaron a andar
entre una nube del polvo
por el reseco camino.
Cuando llegaron al rancho
la noche ya había encendido
sus farolitos del cielo
y el canto triste del grillo,
y fue por eso tal vez
que entre las cuatro paredes
de aquel su humilde cuartito
una angustiosa tristeza
entraba a clavar cuchillos
como queriendo matar
esa noble vocación
que en su pecho había nacido.
Pero llegó la mañana
y el sol con todo su brillo
desdibujó las tinieblas
que habían querido torcer
las huellas de su destino.
Y aunque llorando por dentro
masticando soledad
en aquel lejano sitio
puso firmeza en el paso
y fue a buscar el amor
de aquel puñado de niños
que hace mucho la esperaba
en la escuelita de campo
clavada en pampa del indio.
Y desde entonces su vida
se hizo horcón de guayacán
se hizo paredes de adobe
se hizo terrón para el quincho
y armó con todos sus años
aquel rancho para el alma
con un letrero invisible
que decía en letras de amor
"Aquí hay saber y cariño".
Y fueron 30 los años
y fueron muchos los niños
que luego se hicieron hombres
y mandaron a sus hijos.
Ella, ella no pudo tenerlos
porque la flor de su vida
se marchitó entre los montes
y nunca llegó el amor
a golpear en la ventana
de su rancho de cariño.
La escuela, la escuela
le había pedido
hasta ese sacrificio
que se quedase soltera
porque precisaba intacto
todo el amor que tuviera
para entregarlo a los chicos.
Y en eso, en eso de darlo todo,
un tibio día recibió
en una nota oficial
algo que la estremeció:
después de mucho esperar
el concejo le anunciaba
que había sido jubilada
en premio por su labor.
¿Era premio o era castigo?
Mil veces se preguntó.
No se vaya señorita,
quédese a vivir aquí,
si nosotros la queremos
por qué se tiene que ir.
Esas voces y unas manos
que se agitaban sin ruido
fueron únicos testigos
de aquella amarga partida.
Ella entraba en el olvido
allí dejaba sus años
allí dejaba su vida.
La polvareda del sulky
y manitos color tierra
fueron su único homenaje
en aquella despedida.
¡Adiós señorita Rosa!
¡Adiós maestra de campo!
En usted a todos les canto
los maestros de mi tierra
no sé si mi estrofa encierra
y expresa lo que yo siento,
pero tan solo pretendo
oponer a tanto olvido
mi simple agradecimiento,
ya que la Patria les debe
el más grande y merecido
de todos los monumentos.

El perdón- Yamandú Rodríguez

Son las cinco de la tarde
en un pago de leyenda.
A estas horas el ombú,
se saca el poncho violeta
y lo tiende sobre el suelo
curtido de la tranquera.
No pasa una virazón.
El patio se recalienta
con un brasero e'malvones,
prendido no bien clarea,
adonde las ponedoras
van a pintarse las crestas
y cuasi siempre murmuran
su rosario las abejas.
El rancho es de palo a pique.
Parece que jué carreta;
porque entuavía se ven
entre los yuyos dos ruedas:
una, es la boca del pozo
y la otra, la manguera.

Dicen que todo era dulce:
el agua, el techo y la dueña,
una viejita muy blanca,
que dejó viuda la guerra
con cuatro hijos varones...
y se echó esa cruz a cuestas.
Sus manos son un milagro
de amor; porque sale de ellas,
tierno el pan del amasijo,
tibia la leche que ordeñan,
blanco de espuma el mantel
en el altar de la mesa,
donde esas manos bendicen
la caridá de la cena,
con la hostia de la luna
azulando la cumbrera.
Esas manos día a día,
sacan calor de la rueca,
pa antibiar cuatro pichones
que desplumó la pobreza.

Y esas manos de la madre,
con diez palitos sin juerza,
van haciendo cuatro gauchos
a rigor de potro y sierra.
Si alguna vez se enojaba
con un gurí, siempre ella,
antes de cerrar la noche,
le dió la mano derecha
para que él se la besase
con un: "perdonáme vieja"!
Nunca se pudo dormir
con un hijo en penitencia.
Y esa tarde, el más muchacho,
estando solo con ella,
olvida la ley de Dios,
levanta un puño y golpea
el pecho de aquella madre,
que es una santa de güena.
A'i nomás monta a caballo
dejándola cáida en tierra.

Y a la oración, cuando güelven
los cuatro para la cena,
está el fogón apagao
y hay un frío de tapera...
-¡Mama! - nadie le responde.
Temblando ya, la campean.
Como buscan a la altura
del corazón, no la encuentran;
porque la madre está allí,
pero sobre el piso: muerta.
Los cuatro mozos de luto,
al campo santo la llevan.
Pesaba tan poco en vida...
y aura no pueden con ella!
Doblan por las cuatro puntas
aquél pañuelo de tierra...
cain unas flores de yuyo...
se santiguan ... y la dejan.
Al otro día un vecino,
al pasar por allí cerca,
avisa que a la finada
le quedó una mano ajuera.
¡Cómo ! Se miran los cuatro
y denguno malicea,
güelven, le cubren la mano
y pa mejor protegerla,
rodean la sepultura
con un corralito'e piedra...

Y la misma tarde, un hombre
que cruza con su carreta,
le dice que vió la mano
otra vez a flor de tierra...
Entonces, al más muchacho,
le habló al 'oido la concencia;
porque se puso 'e rodillas
en el corralito 'e piedra,
bajó la frente y llorando,
pa que la madre l'oyera,
como cuando jué gurí,
dijo: "Perdoname vieja!".
Cubrió de besos la mano...
después la cubrió de tierra...
y como salía solo
para perdonar la ofensa,
dende la tarde del beso
ya descansó bajo tierra...
Y naides más vio la mano
de la madrecita güena,
que nunca pudo dormir
con un hijo en penitencia.

La cifra- Yamandú Rodriguez

El gaucho tranqueó para alcanzar la carreta,
galopó para alcanzar la china,
sólo corrió para alcanzar la Patria.
Entró en pelea en un potro rampante.
Llevaba adelante la media luna,
colmillo de acero junto al coágulo del banderín,
y en la espalda, la guitarra, con la boca abierta,
para que respirase, entre el humo de las cargas,
música de heroísmo.

Cuando tras el combate el gaucho se apeó del caballo
la guitarra temblaba.
El payador la pulsó... y así nació la Cifra,
con su latido apresurado por la premura del combate.
Tras el enrejado de las pulperías
apareció, al galope, la Cifra.

Los payadores que escribieron historia
en versos mal medidos,
hacen correr hazañas y limetas,
y como un "amargo", pasa de boca en boca, la tradición:
china vestida con un chiripá negro
agujereado por las estrellas.

Ahora el payador pulsa la guitarra.
Sus dedos esculpen y crean,
las manos acarician las cuerdas
como si fueran las crines del orejano.
De pronto se afirma en la voz y en los estribos;
ha visto una patrulla enemiga que avanza
y da el primer agudo: el alerta.
En las primas tintinean estribos,
por las notas centrales
rueda la muerte de casco en casco,
se enriedan las bordonas,
con el último escalón, la voz de mando salta de las cuerdas,
trepa por la tacuara haciendo pie en los nudos,
se afila en la medio tijera y a caballo en el viento
como un tero, le hunde al aire
los espolines rojos de sus alas, y avanza.
Así me pinta la Cifra una batalla gaucha.

El entrevero:
un galope, un zumbido de mangangaes,
una nube de polvo que hace toser a los trabucos,
y por entre el claro de las descargas mil devanaderas
de lanzas cosiendo pechos.
En la Cifra, si entornamos los ojos,
vemos pasar los escuadrones;
los de atrás, galopando hasta acercarse;
los recados adheridos al costillar;
los potros mordiendo el anca de los potros
para no quedarse atras.
Aquí y allá restallan, secos, los rebencazos.
Todo tiene palabras y nadie habla;
avanzan sobre los pescuezos de las bestias,
estirados, crines en llamas,
las moharras desjarretan el aire,
lanzas inclinadas como garúa en el viento,
en las espuelas pasto, cerdas, sangre,
y un clarín resoplando adelante,
que es como un cuarteador en bronce
que se llevara a la cincha de una diana,
¡la libertad!

julio 31, 2012

SALDOS Y RETAZOS - HECTOR GAGLIARDI

(de Héctor F. Gagliardi, 9 de enero de 1953.)

Señores dueños de tiendas
 en nombre de los maridos
 vengo con tono afligido
 a pedirle que me atiendan,
 que razonen y comprendan

 si es humano y es honesto
que todos los pesos nuestros
que juntamos de a puchitos
se transformen en salditos
 que no tienen cinco metros.
 Por ustedes la ciudad
 vive siempre acelerada
 con mujeres apuradas
 que no saben donde van,
 pero se apuran igual
 para gastarse a empujones
 la plata de sus varones
 que por verlas en primera

les quedan las billeteras
para guardar direcciones.
Por ustedes se inventó
la mar de palabras raras:
a una seda colorada
la llaman rayón bordó;
 si el trapo es color marrón
 le dicen tafeta habano,
 si tienen como gusanos
 es un shantung natural,
 y ahora lo llaman voal
 a un mosquitero floreado.

Ya nos tienen aplastados
 con tanta liquidación,
 cuando no es por ampliación

es por mes aniversario
 o por venta preinventario
 o porque están de mudanza
 o la piqueta que avanza
 o que le sobran retazos
 y nosotros a los ponchazos
 porque la plata no alcanza.

Uno sabe qué liquida

porque lo ha visto en el diario
 o lo escuchó por la radio,
 pero se olvida enseguida,
 pero ellas que en la vida
 nunca tienen que ponerse,
 te gimen cada S.O.S.

que hacen temblar al marido
 y en el ropero hay vestidos
 que se han puesto un par de veces.

Mientras ustedes señores
 del metro y la tijerita
 esperan a las visitas
 como el gato a los ratones,

 desparramando a montones
 el sebo por las vidrieras
 ellas pasan, se codean
 miran, se van... pero vuelven,
  y ustedes por ver si llueve
 se asoman a la vereda.

Y pensar que a los clientes
 los tratan como a las telas,
al principio con cautela,
tijerita suavemente,

para después de repente
shuummm!!! las desgarran de un tirón
pensando en la comisión
 sin importarle un pepino,
 del dolor de los maridos
 que no entienden del chifón.

Si ellas van por un piqué
 ustedes traidoramente
 le muestran secretamente
 un regio crepé shorgé
 si no es penicó francés,
 el que cae en la balanza
 bajan un corte de organza,
 diciendo en tono insinuante
 queda este gris elefante
 y un saldito de azul francia.

Y las pobres que han entrado
 solamente por mirar
 se empiezan a desmandar
 y te dejan arruinado,
 cuando el gross no es regalado
 es un amor el satén
 y van del azul pastel
 al verdecito botella,
 y la gracia es de que a ellas
 lo caro le queda bien.

Y la papa es al regreso
cuando vos querés saber
 cuánto gastó tu mujer
 te contesta con un beso
 después te rasca el pescuezo,
 te acaricia la orejita,
 te saca la pelusita,
 te trabaja de ternura,
 y te quedás en ayunas,
 silbando la cumparsita.
 

Porque todo lo que has dado
 se lo ha gastado en la tela,
 así que aguantá la vela
 que después vendrá el bordado,
 que modista, que plisado,
 que botones, que cuellito,

sin contar los zapatitos,
la cartera, el sombrero,
y los guantes que hagan juego,
 y te regalo el jueguito.

Y pensar que en el civil
al llamarme el contrayente
 entendí: Contribuyente...
 pero igual dije que "Sí,"
 y ella en lugar de aplaudir
 entró a mandarse la parte,
 que manera de engancharte
  y pensar de que hay amigos
 que te salen de testigos
 el día que vas a ahorcarte!.

julio 28, 2012

LEYENDA DE LA PICADA DEL VIRARO.

Se llamaba Juan José;
desorejao, que lloraba!
Naide lo vio tener sé
sino de giniebra, o caña.

Contrabandista mentao;
cuatrero, de la pior laya!
y tenía una habildá
pa floriar una baraja,
que había que ser medio bicho
pa descubrirle las marcas.

Muy liberal pal cuchillo!
Guapetón p'hacer pat'ancha.
El jué el qu'inventó, vistiar
"a vintén la puñalada".

En el pago le pusieron
Juan "el diablo";
y le cuadraba!

Er'alto; di ojos rasgaos;
di a ratos, en la mirada
tenía una luz amarilla
de yaguareté, y dos alas
de cuervo sobre los ojos
como una negra amenaza!

Tenía una madre de güena
...Tuito el pago l'apreciaba.

Jué piona, jué lavandera...
la vejez l'halló cansada.

Tan fiera la pobrecita,
de pelo blanco, encorvada,
se parecía a un arbolito
ámanecido en escarcha.

Juan "el diablo", la quería
más que a su poncho y su daga;
pero... pa no dar que hablar...
a dijustos la mataba!

No tenía cruz en el mate
ese cristiano:
palabra!

II

Dicen que golvió una noche,
dispués de una ausencia larga,
porque tení un trabajito
muy rendidor: de capanga;
y halló a la pobre boquiando
tendida en su catre'e guascas:

"Mire m'hijo: es Viernes Santo;
mandinga anda suelto, y clama
que ande quiera que m'entierren,
antes de rayar el alba
me güelve a desenterrar
pa vengarse 'e sus judiadas.

Dice que usté es un bandido,
que li anda robando fama;
...no me deja bienmorir
sacudiéndome las patas!

Cuando muera, haga el favor;
lléveme hasta la picada,
me sube en el viraró,
más arriba'e la resaca,
y no me ha de dejar sola
hasta que no raye'l alba".

De golpe, dentró a temblar;
le gorgotió la garganta;
como apartando visiones
en el aire, manotiaba;
y un repente, se quedó
con las vistas como latas!

"El diablo" l'amortajó
con una cubija parda;
dispués, le cerró los ojos
con dos monedas de plata,
y la retobó en el cuero
de la puerta pa' llevarla.

Salió y ensilló caballo;
terció la muerta en el anca,
y empinando bien el chifle
como quien toca "a la carga",
cortó rumbo al trotecito
derecho pa' la picada!

I I I

Lo que en el monte pasó,
sólo se sabe por cábulas.

Que mandinga concurrió,
está claro como'l agua:
Pedro Cruz, el rastriador,
siguiendo las rastrilladas,
halló entre las revoleras
güeyas patentes de cabra;
carcula que se toparon,
la cosa jué ramiada,
y comenta la custión
más o menos d'esta laya:

"Juan vino hasta el viraró;
pasó el lazo por la rama,
y a la cincha de su flete
jué subiendo a la finada;
dejó el caballo cinchando,
trepó, y la ató bien atada
con todito el maniador
pa' que no se refalara;

soltó el lazo y se abajó:
ni bien asentó las patas,
se topó con que mandinga
fierro en mano lo esperaba!
(Dios me despeje el camino
pa gastar las alpargatas!)
Pero Juan ni titubió:
l'echó el poncho por la cara,
y a'i nomás, de un solo saque
lo arrempujó a punta y hacha!

(Velay mandinga, afligido
menudiando las cuerpiadas!)

"Pero dejuro; con todo
mandinga tenía ventajas:
medio ducho en malas artes,
de golpe se transformaba,
ya en chalchal, ya en coronilla,
o en blanquillo, molle, o tala;

Pero Juan no le dab'alce:
meniando fierro avanzaba,
y el monte se diba abriendo
como el pasto a la guadaña!"

(...Carculen lo que habrá sido!
Dicen que hasta treinta cuadras
llegaban los alaridos
y el ruidaje de las armas!)

Del resto, yo soy testigo:
(Llegué cuando ya aclaraba.)
Bien alto, en el viraró,
vi el cuerpo de la finada;
tuito el monte alrededor
estaba talao a daga!

Sólo quedó un tala en pie,
cribadito a puñaladas;
pero tenía las espinas
tintas en sangre del taita;

y Juan contra el viraró,
apoyadas las espaldas,
estaba... (líbreme Dios!)
muerto, y haciéndole guardia!....

Don Homero Formoso.-Patriarca de la Tradición, creador de la Patria Gaucha.

A Don Homero Formoso
Esta si se tira un pial
si un potro estan ensillando
y es nota si estan puntiando
el pericón nacional
... simbolo heroico natal
de esta mi tierra campera

Un criollo campo afuera
q ha cumplido con su rol
nos alumbra como el sol
que alumbra nuestra bandera

Hoy en el concierto humano
merece mucho cariño
Es la sonrisa de un niño
el respeto hacia un anciano
en nuestro ambiente paisano
es caudillo rumbiador
es palenque aguantador
donde se atan las gauchadas
es para la paisanada
como un cristo redentor

Es Don Homero Formoso
gaucho por dentro y por fuera
es mastil de la bandera
con su afecto generoso
siempre se mostro afectuoso
a toda la humanidad
Por tanta y tanta bondad
un sentimiento desnudo

balanza que en nuestro escudo
simboliza la Igualdad

Esta en el mate espumoso
en la rueda del fogon
padre de la tradicion
con un talento grandioso
nos sentimos orgullosos
de este pasisano ejemplar...

Por usted quiero elevar
este grito majestuoso
Viva mi patria oriental
que viva Homero Formoso
                                             
 DE PACO PINTOS