LA JINETEADA
Enrique Zorrilla de San Martín
LA JINETEADA
Enrique Zorrilla de San Martín
La leyenda del MATASIETE
“ Que se jué la china, paisano no importa;
yo soy de los hombres que saben sufrir,
el q’es de esperencia, las pena soporta
y va sin temores p’ande deba dir”.
“Q’está con el hijo de un rico estanciero
y que tiene muchos que lo han de cuidar,
yo siempre ando solo no tengo ladero,
por nada mi güella la voy a desviar”.
“ Con naides me meto, yo no quiero enriedo,
salvo que lo quiera la fatalidá;
eso, sí, que sepan, que no tengo miedo
y que aflojo, sólo por necesidá”.
Así habló un paisano que por el camino
de la feria al rancho a un vecino halló,
el que expresamente a alcanzarlo vino
y la mala nueva le comunicó.
Hay un arroyito que fiero arremete
y más de un invierno ya se desbordó,
todos lo conocen por el Mata-siete
pero nadie sabe quién lo bautizó.
Muchos aseguran que aparecen luces
y más de un valiente se atemorizó,
donde antes había como siete cruces
que una gran creciente las arrebató.
Y también se dice que a un gaucho resero
una noche oscura y en ese lugar,
por orden del hijo de un rico estanciero
un grupo, a mansalva, lo vino a matar.
Resultó el más guapo de la paisanada,
sin temor alguno los peleó a facón;
los siete cuatreros no le hicieron nada;
tan sólo la pena, le hirió el corazón.
Foto de URUGUAY POR DENTRO
La P a y a d a
Sonaron las guitarras,
y dos gauchos cantores
la clásica milonga
hicieron florecer
y en la payada criolla
radiante de valores,
salía entrelazada
un alma de mujer.
Era la criolla linda
por todos codiciada,
la que encendía el cerebro
de cada contendor
y allí estaba reunida,
del pago, la mozada
a ver en lucha
franca quién era el triunfador.
Brillaba un pensamiento
prendido en cada arpegio
poniendo de relieve
la dote intelectual
y aquello resultaba
un dulce florilegio de ingenio,
de armonía y amor tradicional.
Lucharon con denuedo
en lírica ascendente,
porque una gran promesa
de amor les inspiró
y proclamando el triunfo
al más inteligente entre ambos,
la payada entonces terminó.
Un viejo de experiencia
que vino a dar el fallo,
después que las guitarras
dejaron de vibrar
les dijo seriamente:
Yo diferencia no hallo,
ahí tienen dos facones
si quieren continuar.
— No acepto — dijo uno—
hacer chispear los fierros
los criollos a conciencia,
jamás deben matar,
y reprochaba el otro,
los hombres no son perros
y puesta la contienda por mi puede quedar.
La moza se abrió paso
por entre el paisanaje
y bella y arrogante les dijo:
— Atiendanmé!
ante ese gesto noble yo rindo
mi homenaje jurando
que con nadie jamás me casaré.
Pasaron muchos años
y la criolla ladina
“quedó pa vestir santos”
no se quiso casar
ahora ya es viejita
y la mejor vecina de los viejos amigos
que supieron cantar.
Gauchada
Se halló una mujer herida,
se estremecieron los jueces
porque ella misma
no supo explicar
quién la atacó
pero un paisano del pago,
a los muy poquitos meses
sin que nadie lo llamara
confesando se entregó.
-Yo soy señor comisario
el hombre que usted buscaba
y no terminé con ella
de pura casualidad
cuando un amigo me dijo
que era falsa y me engañaba.
pero una causa imprevista
me reveló la verdad.
Así que vos sos el hombre
que quiso hacerse el gracioso
atacando a una indefensa
que nadie la protegió
a los maulas de tu laya
los espera el calabozo
páselo nomás sargento
que el asunto terminó.
Comisario, una palabra,
lléveme ande está internada
y allí póngame los grillos
pa pagar mi ingratitud
debo arrustrar mis cadenas
cerca de mi bien amada
y purgando mi delito
velar quiero su salud.
Y después de algunos meses
comentaron sus amigos
que muy feliz y contenta
una pareja gentil
tomada fuerte del brazo
llevando cuatro testigos
del hospital se alejaba
rumbo al registro civil.
Es esa la raza criolla
que un canto a la vida entona
con un inmenso bagaje
de gloria y de tradición
a impulsos de su hidalguía
el gaucho mata o perdona
según hieran su amor propio
o muevan su corazón.
Pelegrino Torres
Hay ríos que hoy son ausencias
en mi destino de andar y andar,
pero ninguno me dio esa cosa
que solo tiembla en el Olimar.
Vestida de azul profundo
su agüita cumba cantando va.
Qué lindo suena en las tardecitas
arrobaditas de zucará.
Cuando mueran los caminos
que sueñan, andando yo,
que junto al dulce Olimar querido
se vuelva tierra mi corazón.
Hay ríos que andan y sueñan
y cantan cumbas como el que más,
pero ninguno me dio esa cosa
que solo tiembla en el Olimar.
Hay cosas de vez en cuando
que sin quererlo me hacen pensar,
pues se me van corazón adentro
y allí se quedan, como a soñar.