¿Que quién jué el curioso
que me dio este perro?
Naides; estos bichos, como el hombre sonso,
cuando los halagan se dan eyos mesmos.
Jue en un mes de agosto
de no sé qué invierno,
muy pocos días antes de morir de flaco,
mi cabayo overo.
Que cayó en mi rancho,
maltratao y rengo,
clavó en las mías sus pupilas tristes,
tus pupilas yenas de sombra y misterio.
¿Que de ande vendría?
¡Vaya uno a saber!...
¡Puede que viniese, como yo, del pago
de los desengaños y de los recuerdos!
Le tiré una achura,
y aunque estaba hambriento
sin hacerle caso, me miró de un modo
como si dijera: “No vengo por eso”.
Aunque sea sonsear
pensé yo por dentro:
¡Quién sabe si estos bichos no sufren de amores
y, como el cristiano, los matan los celos!...
Y viendo en tropiya
venir mis recuerdos,
le hice unas caricias y, desde esa tarde,
pa’ los dos alcanza mi pan y mi techo.
Mientras tomo mate
s’echa cerca el juego,
y cuando al dormirse siento que soyoza
como si al pasado lo golviese el sueño,
se enrieda en la trenza
de mis pensamientos
este tiento, suave de tanto saberlo,:
“Mujeres y perras... tuitas son lo mesmo".
julio 31, 2011
COSAS DE VIEJO . Jose Alonso y Trelles
¡Que por qué ando yo ansina como enojao y triste!
¿Pa qué querés saberlo, mi linda flor de ceibo?...
Los días de verano, que son pa’l mozo aurora,
son tardes melancólicas pa’ los que van pa’ viejo.
Pa’ yo poder contarte la historia de mis penas,
tendría que ir dispacio pialando mis recuerdos...
Déjalos qu’el olvido los ate a su palenque
que yo pa’ dir guapiando ya no preciso d’ellos.
Más bien cabe un amargo de los que tú acostumbras
pa’ despuntar el vicio... Pa’ dir haciendo tiempo...
¡Quién sabe si algún día sin oírlo de mis labios,
sin oírlo de mis labios... no sabes porque peno!...
Pero hoy tuavía es temprano, pa qu’esa cabecita
que pide p’adornarse la roja flor de ceibo,
comprienda que se pueden hayar sobre l’almohada
tristezas que nos ahugan en vez de lindos sueños.
Cebá, cebame un mate, que yo, pa’ entristecerme
te vi’a contar un cuento
que aunque tuito es mentira
tal vez se te haga cierto...
Eya tuvo al principio pa’l payador amante,
en los ojos ternuras y en la boquita besos.
¡Eran como palomas que andan buscando el monte
p’hacer entre los sauces el nido de sus sueños!...
Dispués... ¿sabes, mi china, que está lindo tu mate?
¡Que está lindo tu mate, más lindo que mi cuento,
no des güelta la yerba, seguí, seguí cebando,
pa’ ver si se me apaga la sé que estoy sintiendo!...
Dispués... ¡Oígale al duro!...
¿Sabés que no me acuerdo?...
Mira, saca esa’stiya que est’haciendo humareda.
Me lloran ya los ojos... ¡Prestame tu pañuelo!...
¿Pa qué querés saberlo, mi linda flor de ceibo?...
Los días de verano, que son pa’l mozo aurora,
son tardes melancólicas pa’ los que van pa’ viejo.
Pa’ yo poder contarte la historia de mis penas,
tendría que ir dispacio pialando mis recuerdos...
Déjalos qu’el olvido los ate a su palenque
que yo pa’ dir guapiando ya no preciso d’ellos.
Más bien cabe un amargo de los que tú acostumbras
pa’ despuntar el vicio... Pa’ dir haciendo tiempo...
¡Quién sabe si algún día sin oírlo de mis labios,
sin oírlo de mis labios... no sabes porque peno!...
Pero hoy tuavía es temprano, pa qu’esa cabecita
que pide p’adornarse la roja flor de ceibo,
comprienda que se pueden hayar sobre l’almohada
tristezas que nos ahugan en vez de lindos sueños.
Cebá, cebame un mate, que yo, pa’ entristecerme
te vi’a contar un cuento
que aunque tuito es mentira
tal vez se te haga cierto...
Eya tuvo al principio pa’l payador amante,
en los ojos ternuras y en la boquita besos.
¡Eran como palomas que andan buscando el monte
p’hacer entre los sauces el nido de sus sueños!...
Dispués... ¿sabes, mi china, que está lindo tu mate?
¡Que está lindo tu mate, más lindo que mi cuento,
no des güelta la yerba, seguí, seguí cebando,
pa’ ver si se me apaga la sé que estoy sintiendo!...
Dispués... ¡Oígale al duro!...
¿Sabés que no me acuerdo?...
Mira, saca esa’stiya que est’haciendo humareda.
Me lloran ya los ojos... ¡Prestame tu pañuelo!...
De Vuelta (febrero 6 de 1898) ELIAS REGULES
En la verde inmensidad
Quedan los ayes grabados
Y ranchos abandonados
Lloran su cruel soledad.
La amargura fatalidad
Posa su garra pesada
Dejando senda marcada,
Entre zarzales y abrojos
Con rastros tibios y rojos
De la sangre derramada.
Pero, el iris aparece
Con majestad corpulenta,
Palpa su fin la tormenta,
Pierde vigor y fallece.
Un anhelo reverdece,
No se le puede olvidar;
Y al sentírsele vibrar,
Besando las banderolas
Para volver al hogar.
Así, Juan Pérez, soldado
De brava caballería,
Va en un moro de su cría
Rumbo al ranchito soñado.
Marcha, se acerca templado
Divisa con sus miradas
Las tranquilas hondonadas
De las costas de Marincho;
Y el moro lanza en un relincho
Con las orejas paradas
Galopa. Ya está cercano
El gozo que lo recrea,
Sujeta el flete, se apea
Y queda mudo el paisano.
En su semblante serrano
No muestra duelo ni palma,
Pero al buscarse la calma
Que lo consuele y reintegre,
Traga una lágrima alegre
Que la recoge en el alma.
Fue a combatir como bueno
Por sus puras convicciones,
Estrangulando afecciones
Que conservan en su seno
Cargo resuelto y sereno
Sin jamás retroceder;
Y jugó todo su haber,
Vendió sus horas felices,
Para ganar cicatrices
Al cumplir con su deber.
¡Pobre gaucho! - ¡Si al sacar
su sable por su bandera,
fuese algo más que escalera
donde otros van á pisar!
............................................
............................................
Los que lo saben buscar
Para hacer una patriada,
Sepan que aquella carnada
Suculenta y desprendida
Tiene una choza querida
Que no la cambia por nada.
Quedan los ayes grabados
Y ranchos abandonados
Lloran su cruel soledad.
La amargura fatalidad
Posa su garra pesada
Dejando senda marcada,
Entre zarzales y abrojos
Con rastros tibios y rojos
De la sangre derramada.
Pero, el iris aparece
Con majestad corpulenta,
Palpa su fin la tormenta,
Pierde vigor y fallece.
Un anhelo reverdece,
No se le puede olvidar;
Y al sentírsele vibrar,
Besando las banderolas
Para volver al hogar.
Así, Juan Pérez, soldado
De brava caballería,
Va en un moro de su cría
Rumbo al ranchito soñado.
Marcha, se acerca templado
Divisa con sus miradas
Las tranquilas hondonadas
De las costas de Marincho;
Y el moro lanza en un relincho
Con las orejas paradas
Galopa. Ya está cercano
El gozo que lo recrea,
Sujeta el flete, se apea
Y queda mudo el paisano.
En su semblante serrano
No muestra duelo ni palma,
Pero al buscarse la calma
Que lo consuele y reintegre,
Traga una lágrima alegre
Que la recoge en el alma.
Fue a combatir como bueno
Por sus puras convicciones,
Estrangulando afecciones
Que conservan en su seno
Cargo resuelto y sereno
Sin jamás retroceder;
Y jugó todo su haber,
Vendió sus horas felices,
Para ganar cicatrices
Al cumplir con su deber.
¡Pobre gaucho! - ¡Si al sacar
su sable por su bandera,
fuese algo más que escalera
donde otros van á pisar!
............................................
............................................
Los que lo saben buscar
Para hacer una patriada,
Sepan que aquella carnada
Suculenta y desprendida
Tiene una choza querida
Que no la cambia por nada.
ROMANCE DEL MALEVO-Osiris Rodriguez Castillos
Siempre quise tener un perro como la gente.
Al fin el tiempo y la esperanza,
me dieron uno; pero bien mirao,
era animal de malas pulgas... el malevo.
Yo no atrancaba la puerta
de mi rancho, ni durmiendo;
¿pa qué! si del lado de ajuera,
por malo que juese'l tiempo,
la enrejaba de colmillos
el coraje de mi perro!
Cimarrón; medio atigrao.
Lo hallé perdido en la sierra,
boquiando de agusanao.
Malo, como manga'e piedra!
Tuve que trairlo enlazao
pa curarle las bicheras.
Y... a'i se quedó: aquerenciao.
Compañero de horas lerdas...
Trotiando abajo'el estribo
ni carculaba las leguas!
y ande afluejaba la cincha,
se echaba a cuidar las priendas.
Eso sí ¿eh! Muy delicao!...
¿Manosiarlo? Ni le cuento!
Se ponía di ojo estraviao
y se l'erizaba'l pelo.
Con que... tenía bién ganao
su apelativo:"el Malevo".
Que animal capacitao
pal trabajo en campo abierto!
Había que verlo al mentao
trajinando en un rodeo...
De ser cristiano, clavao
qu'era dotor aquel perro!
¿Yo echar tropilla'l corral?
Le chiflaba entre dos dedos,
y embretaos en el chiflido
me los traiba clin al viento;
y era un abrojo, priendido
de los garrones de un trueno!
Una vuelta, bandiando tropa
con much'agua en el Río Negro,
cai quebrao di un apretón
entre un remolino e'cuernos
y me ganó la mollera
la oscuridá y el silencio...
Cuando volví a abrir los ojos,
cruzaba una nube'l cielo...
Gemidos y lametazos
llegaban como de lejos...
De repente compriendí!
Medio me senté en el suelo,
pa darle gracias:
"Hermano!
"d'esta, te quedo debiendo.
"No me halla ni el pan bendito
"si no me sacás, Malevo!
Y una inmensa gratitú
se me atracó en el garguero!!
Güeno; la cosa pasó.
Yo dentré pal casamiento.
Hice l'horno, la cocina...
Mi rancho estiró un alero
y en su chúcara clinera
charquió el arroró, y el rezo.
A los dos años, gatiaba
mi gurí sobre un pelego!
O andaba pol guardapatio,
priendido a las cruce'l perro;
ah! porqu'el me le sacó
las cosquillas al Malevo!
...Lo habrá tomao por cachorro
de su cría, el pendenciero...
Le soportaba imprudencias,
se priestaba pa sus juegos,
y ande amenazaba cáirse
se l'echaba abajo'el cuerpo!
La cosa jué tan de golpe
que hasta me parece cuento...
Jué dispués de un mediodía,
como pa fines d'enero:
Yo me había echao en el catre
pa descabezar un sueño;
La patrona, trajinaba...
prosiando con el borrego;
y un de repente, aquel grito
como de terror: "Rosendooo!"
y ya me pelé pal patio
manotiando el caronero.
Ella, estaba contra l'horno
tartamudiando en silencio;
tenía al gurisito, alzao,
tembloroso contra'l pecho;
y avanzando, agazapao
como una fiera, mi perro!
Enseñaba unos colmillos
como puñales! Los pelos
se le habían parao di un modo,
que costaba conocerlo;
y en las brasas de sus ojos
se habían quemao los recuerdos!
De un salto me puse enfrente:
le pegué el grito: "Malevo!"
lo ví soltar una baba;
-"Está rabioso, Rosendo!!"-
"No te me acerqués hermano!
"echá p'atrás! Juera perro!!"
Redepente me saltó:
ladié pa un costao el cuerpo,
sentí como que la mano
lo topaba contra el pecho,
y cayó; cuasi sin ruido;
como una jerga en el suelo...
...Cuando lo miré, los ojos
se le habían puesto muy güenos,
como dándome las gracias!
Se le acortaba el resuello!
Se arrastró, lamió mis pieses,
y... me brotó un lagriméo: ...
"No tenía pa elegir
"hermano! 'tabas enfermo...
"Jué pol cachorro ¿sabés?
"de nó no lo hubiera hecho!!"
Menió la cola una vez,
dos veces, y quedó muerto!
Por eso es que desde entonces
no me gusta tener perros;
y cuando voy de a caballo,
me parece que lo siento
trotear abajo'el estribo
trote y trote por el tiempo!
Al fin el tiempo y la esperanza,
me dieron uno; pero bien mirao,
era animal de malas pulgas... el malevo.
Yo no atrancaba la puerta
de mi rancho, ni durmiendo;
¿pa qué! si del lado de ajuera,
por malo que juese'l tiempo,
la enrejaba de colmillos
el coraje de mi perro!
Cimarrón; medio atigrao.
Lo hallé perdido en la sierra,
boquiando de agusanao.
Malo, como manga'e piedra!
Tuve que trairlo enlazao
pa curarle las bicheras.
Y... a'i se quedó: aquerenciao.
Compañero de horas lerdas...
Trotiando abajo'el estribo
ni carculaba las leguas!
y ande afluejaba la cincha,
se echaba a cuidar las priendas.
Eso sí ¿eh! Muy delicao!...
¿Manosiarlo? Ni le cuento!
Se ponía di ojo estraviao
y se l'erizaba'l pelo.
Con que... tenía bién ganao
su apelativo:"el Malevo".
Que animal capacitao
pal trabajo en campo abierto!
Había que verlo al mentao
trajinando en un rodeo...
De ser cristiano, clavao
qu'era dotor aquel perro!
¿Yo echar tropilla'l corral?
Le chiflaba entre dos dedos,
y embretaos en el chiflido
me los traiba clin al viento;
y era un abrojo, priendido
de los garrones de un trueno!
Una vuelta, bandiando tropa
con much'agua en el Río Negro,
cai quebrao di un apretón
entre un remolino e'cuernos
y me ganó la mollera
la oscuridá y el silencio...
Cuando volví a abrir los ojos,
cruzaba una nube'l cielo...
Gemidos y lametazos
llegaban como de lejos...
De repente compriendí!
Medio me senté en el suelo,
pa darle gracias:
"Hermano!
"d'esta, te quedo debiendo.
"No me halla ni el pan bendito
"si no me sacás, Malevo!
Y una inmensa gratitú
se me atracó en el garguero!!
Güeno; la cosa pasó.
Yo dentré pal casamiento.
Hice l'horno, la cocina...
Mi rancho estiró un alero
y en su chúcara clinera
charquió el arroró, y el rezo.
A los dos años, gatiaba
mi gurí sobre un pelego!
O andaba pol guardapatio,
priendido a las cruce'l perro;
ah! porqu'el me le sacó
las cosquillas al Malevo!
...Lo habrá tomao por cachorro
de su cría, el pendenciero...
Le soportaba imprudencias,
se priestaba pa sus juegos,
y ande amenazaba cáirse
se l'echaba abajo'el cuerpo!
La cosa jué tan de golpe
que hasta me parece cuento...
Jué dispués de un mediodía,
como pa fines d'enero:
Yo me había echao en el catre
pa descabezar un sueño;
La patrona, trajinaba...
prosiando con el borrego;
y un de repente, aquel grito
como de terror: "Rosendooo!"
y ya me pelé pal patio
manotiando el caronero.
Ella, estaba contra l'horno
tartamudiando en silencio;
tenía al gurisito, alzao,
tembloroso contra'l pecho;
y avanzando, agazapao
como una fiera, mi perro!
Enseñaba unos colmillos
como puñales! Los pelos
se le habían parao di un modo,
que costaba conocerlo;
y en las brasas de sus ojos
se habían quemao los recuerdos!
De un salto me puse enfrente:
le pegué el grito: "Malevo!"
lo ví soltar una baba;
-"Está rabioso, Rosendo!!"-
"No te me acerqués hermano!
"echá p'atrás! Juera perro!!"
Redepente me saltó:
ladié pa un costao el cuerpo,
sentí como que la mano
lo topaba contra el pecho,
y cayó; cuasi sin ruido;
como una jerga en el suelo...
...Cuando lo miré, los ojos
se le habían puesto muy güenos,
como dándome las gracias!
Se le acortaba el resuello!
Se arrastró, lamió mis pieses,
y... me brotó un lagriméo: ...
"No tenía pa elegir
"hermano! 'tabas enfermo...
"Jué pol cachorro ¿sabés?
"de nó no lo hubiera hecho!!"
Menió la cola una vez,
dos veces, y quedó muerto!
Por eso es que desde entonces
no me gusta tener perros;
y cuando voy de a caballo,
me parece que lo siento
trotear abajo'el estribo
trote y trote por el tiempo!
julio 26, 2011
ALGUNA VEZ. Santos Inzaurralde
No he escrito aun
el canto que yo quiero;
tal vez cuando mi voz
se nutra de silencios;
cuando en polvo tan sòlo
se conviertan mis sueños;
tal vez, en esa hora
serena y sin apremios,
ha de mover la pluma de algun pajaro,
la escritura total de mis desvelos.
el canto que yo quiero;
tal vez cuando mi voz
se nutra de silencios;
cuando en polvo tan sòlo
se conviertan mis sueños;
tal vez, en esa hora
serena y sin apremios,
ha de mover la pluma de algun pajaro,
la escritura total de mis desvelos.
julio 25, 2011
Mi programa- Juan Gualberto Godoy (1793-1864) Argentino
Desde ahora quiero entrar
en cuentas conmigo mismo,
por si llego a gobernar,
y mi cuenta he de sacar
aunque tachen de cinismo
mi manera de contar.
Ea pues, manos a la obra,
no perdamos tiempo en vano,
que al pobre y al soberano
jamás el tiempo les sobra,
como al Sudamericano.
Entraré pues en materia,
sin rodeos, ni escapadas,
porque andar con agachadas
me parece una miseria,
propia de almas mal templadas.
La política es en suma
el arte de gobernar;
pues bien, la he de examinar,
he de meterle la pluma
y ver lo que puede dar.
No en bambolla ni en honores
porque ésa es paja picada,
sino en moneda sellada,
o en efectivos valores:
lo demás no vale nada.
Daráme dinero y fama
esta empresa singular,
si a este examen puedo dar
el carácter del programa
con que yo he de gobernar.
Yo al menos así lo espero,
pero si, mi tal programa,
tan sólo me ha de dar fama,
y no me ha de dar dinero,
llévese el diablo mi trama.
¿La política qué importa
cuando no da qué comer,
casa, estancias y mujer,
y a la larga, o a la corta
no nos viene a enriquecer?
Política que así va
sólo es para los simplones,
que suplen los pantalones
poniéndose chiripá ,
y jamás tienen calzones.
En los veinte años pasados
la cosa no anduvo así;
que a muchos que conocí
pelados y muy pelados
hechos chiche después vi.
Y no es decir que robaron,
según mi cuenta analítica,
sino que de la política
los tales se aprovecharon,
en lo que no cabe crítica.
Pues mucho más he de hacer
que aquellos que hicieron más:
los he de dejar atrás,
y todo el mundo ha de ver
de lo que yo soy capaz.
A bien que si un ventarrón
de mi puesto me hace a un lado,
no habrá ningún desalmado
que pida devolución,
y lo apañado, apañado.
Que los pueblos sufrirán
me lo enseña la experiencia,
porque tanta es su paciencia,
que si de azotes les dan
los toman por penitencia.
¿Qué ha sido antes, en sustancia,
la República Argentina?
lo diré sin repugnancia:
cada provincia una estancia,
y cada estancia una mina.
Y si a mí me toca ser
alguna vez estanciero
¿por qué no he de ser minero,
y por lerdo he de perder
la ocasión de hacer dinero?
Los que la echan de modestos
de patriotas y de honrados,
son unos diablos menguados,
que subiendo a buenos puestos
mandan, y salen pelados.
Mas si el hombre de talento
estos títeres maneja,
estaca en pared no deja,
ni piedra sobre su asiento;
y a todos los empareja.
Elementos he de crearme
para marchar a mi objeto,
con un éxito completo,
sin que alguien pueda estorbarme,
llegar donde me prometo.
Los medios que yo emplearé
para tener servidores
y buenos sostenedores,
serán, ser de buena fe,
caporal de expoliadores.
Dejaré que cada empleado
pueda explotar su destino,
y desnudar al vecino,
sin temer ser acusado
de ladrón, ni de asesino.
Los bobos me ganaré
fundando fuertes y villas,
y edificando capillas,
cuidando que crean que
se pagan a mis costillas.
Y aunque un centavo no emplee
de mis haberes en esto,
no es fácil que haya un molesto
en la Sala, que desee
se me exija presupuesto.
Así quedará cubierto
todo el gasto que haya habido,
y el más leido y escribido
cuánto es no sabrá de cierto,
ni de qué caja ha salido.
Haré que los ciudadanos
entren todos a ejercicios,
para corregir los vicios,
y que por bienes mundanos
dejen de hacerse perjuicios.
Y mientras cada uno es santo
y se ocupa en obras pías,
siquiera por quince días,
nadie me estorbará en tanto,
el hacer yo de las mías.
Así, al mismo tiempo que hago
sin estorbos mi negocio
y a la religión me asocio,
guardo para echar un trago
y comer bien en el ocio.
Yo formaré compañías
para introducir ganado:
el costo lo hará el Estado,
las ganancias, seran mías
y hasta el capital empleado.
Caballos para el arreo
los vecinos los darán:
algunos los cobrarán;
pero, aunque parezca feo
otra vez no los verán.
Todo el pasto necesario
para engordar esta hacienda,
no buscaré quien lo venda,
lo pediré al vecindario,
y que la cuide y la atienda.
Si de mi familia alguno
me propone cambalache,
no haya miedo que me empache,
yo le daré tres por uno
y haré que se le despache.
Mas si otros me piden dos
por un animal de grasa,
diré, la hacienda está escasa,
y aunque me clamen por Dios,
le daré tres al de casa.
A estos arbitrios sencillos
que dan clientela y dinero,
agregarles otros quiero
que me llenen los bolsillos,
solo y sin un compañero.
Mantendré una guarnición
en los fuertes permanente,
y yo haré la provisión
de vestuario y mantención,
aunque la tropa reviente.
Y como a nadie le toca
hacer este negocito,
a muchos, por lo bonito,
se les hará agua la boca
por hacerlo, pero chito ...
Y no hay que andar con bullangas,
la cosa ha de ser asi;
porque yo entre el mí y el tí ,
sea por faldas o mangas,
me decido por el mí .
Una partida de juego
con carácter oficial,
es un rico mineral
de plata con que muy luego
podré reunir un caudal.
Todo consiste en el modo
con que la cosa maneje,
para que a salvo me deje
meter el brazo hasta el codo,
y que a todos empareje.
Si pierdo, debe jugarse
hasta haberme desquitado;
pero cuando haya ganado,
podrán todos levantarse,
cuando me haya levantado.
Ya se podrá comprender
que con tal procedimiento
es de apostar uno a ciento
a que no puedo perder;
y que es bueno el pensamiento.
¡Los diezmos!... ésa es mamada,
mistela con bizcochuelos;
eso es chupar caramelos;
hallar la breva pelada;
eso es miel sobre buñuelos.
Siendo yo gobernador,
y habiendo al remate entrado,
estoy bien asegurado
de ser el rematador,
sin que nadie haya pujado.
No habrá males pagadores
porque cada decurión
hará la recaudación,
para que los labradores
no intenten ocultación.
Siendo juez el que recaude
y siendo yo su fiscal,
será el recaudo cabal;
y cuidado que haya fraude
siquiera de medio real.
En cuanto a la cuatropea
la masa se contará,
y el diezmo se sacará
de lo que la masa sea,
y el fraude se evitará.
Por cualquiera triqui-traque ,
¡Zas! una contribución,
y la orden al decurión
que sin remisión la saque,
bajo de multa y prisión.
Y si de caballos es
deberán ser escogidos,
gordos, de talla y fornidos,
sanos de lomos y pies,
y además, bien parecidos.
Llega el momento de enviarlos
a los fuertes y cantones,
entonces por mancarrones
se cambian, para librarlos
de pícaros y ladrones.
A más, se logran dos cosas:
tener las fuerzas montadas,
y vender yo caballadas
gordas, sanas y famosas
que serán muy bien pagadas.
Si una provincia pastora
me tocare gobernar,
es entonces otro cantar;
la situación se mejora
y más se puede lucrar.
Ya verán que no me empampo
en materia de adquirir;
a la Sala iré a pedir
ocho mil leguas de campo,
y las he de conseguir.
Porque en esto de las Salas
he llegado a colegir
que no sabiendo elegir,
todas las Salas son malas,
porque saben resistir.
Pero cuando la elección
se hace con algún talento,
es la Sala un instrumento
que da la autorización
para hacer de una hasta ciento.
¡Qué agradable será andar
de estancia en estancia meses,
y vender a los ingleses,
sin dejar de gobernar,
los cueros de cien mil reses!
Y si llegare a faltar
ganado para el completo,
tirar al golpe un decreto
prohibiendo a todos matar,
hasta salir yo de aprieto.
Lo mismo es si saladero
tuviere yo establecido,
y estando comprometido,
que baje el ganado quiero
para no verme afligido.
Prohibo entonces trabajar
en todo otro saladero
que el mío; y sacar un cuero
ni aun para hacer un ijar,
o carona un estanciero.
Como con tal prohibición
ningún estanciero mata,
el que necesita plata
viene a hacer proposición,
y por lo que ofrezco trata.
Con sólo estas arterias
basta para enriquecer,
porque así vienen a ser
todas las estancias mías,
sin tenerlas que atender.
Sólo queda cierto punto
de la política usual
sin tocar, y sin el cual
de mi programa el conjunto
no quedaría cabal.
Este es el de la familia,
esa fuente de placer,
en que el goce y el deber,
se confunde y se concilia
entre el hombre y la mujer.
Y para que mis tareas,
trazadas con mano diestra,
puedan dar perfecta muestra
de los designios e ideas
que he lanzado a la palestra.
Y para que todos sepa
n cómo irán mis procederes
en materia de mujeres
y que dudas no les quepan
los reduzco a caracteres.
En materias femeniles
echaré también el resto,
sin tapujos, ni pretexto;
puesto que en las varoniles
dejo el pabellón bien puesto.
Imitaré a los romanos
sin detenerme en pamplinas,
y todas las argentinas
que pueda haber a las manos,
serán, para mí, Sabinas.
El más ridículo tuno
de cuantos me han precedido,
tres, cuatro, seis ha exhibido,
en público, sin que alguno
se diese por ofendido.
Y si a criticar llegaron
lo harían tan en secreto,
y de modo tan discreto,
que ocasión no presentaron
de tocarles el coleto.
¡Y los pueblos recibieron
este ejemplo, sin chistar
los curas, ni predicar
contra los que asi supieron
su grey escandalizar!
Esos mismos curas, antes,
llenos de celo divino,
proclamaron libertino
al que tuvo en sus estantes
la Biblia sin Belarmino.
¿Por qué toleró aquel mal
sin resollar el pastor?
porque era gobernador,
o era el señor general
el escandalizador.
Pues menos no quiero ser,
siendo también gobernante:
tendré diez, si esto es bastante,
y ciento, si es menester,
sin que ninguno se espante.
Así se puede vivir,
así se puede mandar,
y gozando preparar
un regular porvenir
exento de mendigar.
En fin, no por ganar fama
doy en una obra didáctica,
como en un manual de táctica,
la expresión en un programa,
de mi política práctica.
Y si es que a mi diligencia
ayuda un poco la suerte,
no me ha de coger la muerte,
sin poner en evidencia
lo que mi programa advierte.
Entonces he de cantar
en un arpa bien templada
y con voz muy entonada
la copla que he de dejar
al fin de éstas cónsignada,
Aprended flores de mi
lo que va de ayer a hoy:
ayer era un tararí
ved hoy la altura en que estoy
y qué maravilla soy.
aprended flores de mi.
En El Constitucional , N° 330, Mendoza, 30 de Enero de 1853.
en cuentas conmigo mismo,
por si llego a gobernar,
y mi cuenta he de sacar
aunque tachen de cinismo
mi manera de contar.
Ea pues, manos a la obra,
no perdamos tiempo en vano,
que al pobre y al soberano
jamás el tiempo les sobra,
como al Sudamericano.
Entraré pues en materia,
sin rodeos, ni escapadas,
porque andar con agachadas
me parece una miseria,
propia de almas mal templadas.
La política es en suma
el arte de gobernar;
pues bien, la he de examinar,
he de meterle la pluma
y ver lo que puede dar.
No en bambolla ni en honores
porque ésa es paja picada,
sino en moneda sellada,
o en efectivos valores:
lo demás no vale nada.
Daráme dinero y fama
esta empresa singular,
si a este examen puedo dar
el carácter del programa
con que yo he de gobernar.
Yo al menos así lo espero,
pero si, mi tal programa,
tan sólo me ha de dar fama,
y no me ha de dar dinero,
llévese el diablo mi trama.
¿La política qué importa
cuando no da qué comer,
casa, estancias y mujer,
y a la larga, o a la corta
no nos viene a enriquecer?
Política que así va
sólo es para los simplones,
que suplen los pantalones
poniéndose chiripá ,
y jamás tienen calzones.
En los veinte años pasados
la cosa no anduvo así;
que a muchos que conocí
pelados y muy pelados
hechos chiche después vi.
Y no es decir que robaron,
según mi cuenta analítica,
sino que de la política
los tales se aprovecharon,
en lo que no cabe crítica.
Pues mucho más he de hacer
que aquellos que hicieron más:
los he de dejar atrás,
y todo el mundo ha de ver
de lo que yo soy capaz.
A bien que si un ventarrón
de mi puesto me hace a un lado,
no habrá ningún desalmado
que pida devolución,
y lo apañado, apañado.
Que los pueblos sufrirán
me lo enseña la experiencia,
porque tanta es su paciencia,
que si de azotes les dan
los toman por penitencia.
¿Qué ha sido antes, en sustancia,
la República Argentina?
lo diré sin repugnancia:
cada provincia una estancia,
y cada estancia una mina.
Y si a mí me toca ser
alguna vez estanciero
¿por qué no he de ser minero,
y por lerdo he de perder
la ocasión de hacer dinero?
Los que la echan de modestos
de patriotas y de honrados,
son unos diablos menguados,
que subiendo a buenos puestos
mandan, y salen pelados.
Mas si el hombre de talento
estos títeres maneja,
estaca en pared no deja,
ni piedra sobre su asiento;
y a todos los empareja.
Elementos he de crearme
para marchar a mi objeto,
con un éxito completo,
sin que alguien pueda estorbarme,
llegar donde me prometo.
Los medios que yo emplearé
para tener servidores
y buenos sostenedores,
serán, ser de buena fe,
caporal de expoliadores.
Dejaré que cada empleado
pueda explotar su destino,
y desnudar al vecino,
sin temer ser acusado
de ladrón, ni de asesino.
Los bobos me ganaré
fundando fuertes y villas,
y edificando capillas,
cuidando que crean que
se pagan a mis costillas.
Y aunque un centavo no emplee
de mis haberes en esto,
no es fácil que haya un molesto
en la Sala, que desee
se me exija presupuesto.
Así quedará cubierto
todo el gasto que haya habido,
y el más leido y escribido
cuánto es no sabrá de cierto,
ni de qué caja ha salido.
Haré que los ciudadanos
entren todos a ejercicios,
para corregir los vicios,
y que por bienes mundanos
dejen de hacerse perjuicios.
Y mientras cada uno es santo
y se ocupa en obras pías,
siquiera por quince días,
nadie me estorbará en tanto,
el hacer yo de las mías.
Así, al mismo tiempo que hago
sin estorbos mi negocio
y a la religión me asocio,
guardo para echar un trago
y comer bien en el ocio.
Yo formaré compañías
para introducir ganado:
el costo lo hará el Estado,
las ganancias, seran mías
y hasta el capital empleado.
Caballos para el arreo
los vecinos los darán:
algunos los cobrarán;
pero, aunque parezca feo
otra vez no los verán.
Todo el pasto necesario
para engordar esta hacienda,
no buscaré quien lo venda,
lo pediré al vecindario,
y que la cuide y la atienda.
Si de mi familia alguno
me propone cambalache,
no haya miedo que me empache,
yo le daré tres por uno
y haré que se le despache.
Mas si otros me piden dos
por un animal de grasa,
diré, la hacienda está escasa,
y aunque me clamen por Dios,
le daré tres al de casa.
A estos arbitrios sencillos
que dan clientela y dinero,
agregarles otros quiero
que me llenen los bolsillos,
solo y sin un compañero.
Mantendré una guarnición
en los fuertes permanente,
y yo haré la provisión
de vestuario y mantención,
aunque la tropa reviente.
Y como a nadie le toca
hacer este negocito,
a muchos, por lo bonito,
se les hará agua la boca
por hacerlo, pero chito ...
Y no hay que andar con bullangas,
la cosa ha de ser asi;
porque yo entre el mí y el tí ,
sea por faldas o mangas,
me decido por el mí .
Una partida de juego
con carácter oficial,
es un rico mineral
de plata con que muy luego
podré reunir un caudal.
Todo consiste en el modo
con que la cosa maneje,
para que a salvo me deje
meter el brazo hasta el codo,
y que a todos empareje.
Si pierdo, debe jugarse
hasta haberme desquitado;
pero cuando haya ganado,
podrán todos levantarse,
cuando me haya levantado.
Ya se podrá comprender
que con tal procedimiento
es de apostar uno a ciento
a que no puedo perder;
y que es bueno el pensamiento.
¡Los diezmos!... ésa es mamada,
mistela con bizcochuelos;
eso es chupar caramelos;
hallar la breva pelada;
eso es miel sobre buñuelos.
Siendo yo gobernador,
y habiendo al remate entrado,
estoy bien asegurado
de ser el rematador,
sin que nadie haya pujado.
No habrá males pagadores
porque cada decurión
hará la recaudación,
para que los labradores
no intenten ocultación.
Siendo juez el que recaude
y siendo yo su fiscal,
será el recaudo cabal;
y cuidado que haya fraude
siquiera de medio real.
En cuanto a la cuatropea
la masa se contará,
y el diezmo se sacará
de lo que la masa sea,
y el fraude se evitará.
Por cualquiera triqui-traque ,
¡Zas! una contribución,
y la orden al decurión
que sin remisión la saque,
bajo de multa y prisión.
Y si de caballos es
deberán ser escogidos,
gordos, de talla y fornidos,
sanos de lomos y pies,
y además, bien parecidos.
Llega el momento de enviarlos
a los fuertes y cantones,
entonces por mancarrones
se cambian, para librarlos
de pícaros y ladrones.
A más, se logran dos cosas:
tener las fuerzas montadas,
y vender yo caballadas
gordas, sanas y famosas
que serán muy bien pagadas.
Si una provincia pastora
me tocare gobernar,
es entonces otro cantar;
la situación se mejora
y más se puede lucrar.
Ya verán que no me empampo
en materia de adquirir;
a la Sala iré a pedir
ocho mil leguas de campo,
y las he de conseguir.
Porque en esto de las Salas
he llegado a colegir
que no sabiendo elegir,
todas las Salas son malas,
porque saben resistir.
Pero cuando la elección
se hace con algún talento,
es la Sala un instrumento
que da la autorización
para hacer de una hasta ciento.
¡Qué agradable será andar
de estancia en estancia meses,
y vender a los ingleses,
sin dejar de gobernar,
los cueros de cien mil reses!
Y si llegare a faltar
ganado para el completo,
tirar al golpe un decreto
prohibiendo a todos matar,
hasta salir yo de aprieto.
Lo mismo es si saladero
tuviere yo establecido,
y estando comprometido,
que baje el ganado quiero
para no verme afligido.
Prohibo entonces trabajar
en todo otro saladero
que el mío; y sacar un cuero
ni aun para hacer un ijar,
o carona un estanciero.
Como con tal prohibición
ningún estanciero mata,
el que necesita plata
viene a hacer proposición,
y por lo que ofrezco trata.
Con sólo estas arterias
basta para enriquecer,
porque así vienen a ser
todas las estancias mías,
sin tenerlas que atender.
Sólo queda cierto punto
de la política usual
sin tocar, y sin el cual
de mi programa el conjunto
no quedaría cabal.
Este es el de la familia,
esa fuente de placer,
en que el goce y el deber,
se confunde y se concilia
entre el hombre y la mujer.
Y para que mis tareas,
trazadas con mano diestra,
puedan dar perfecta muestra
de los designios e ideas
que he lanzado a la palestra.
Y para que todos sepa
n cómo irán mis procederes
en materia de mujeres
y que dudas no les quepan
los reduzco a caracteres.
En materias femeniles
echaré también el resto,
sin tapujos, ni pretexto;
puesto que en las varoniles
dejo el pabellón bien puesto.
Imitaré a los romanos
sin detenerme en pamplinas,
y todas las argentinas
que pueda haber a las manos,
serán, para mí, Sabinas.
El más ridículo tuno
de cuantos me han precedido,
tres, cuatro, seis ha exhibido,
en público, sin que alguno
se diese por ofendido.
Y si a criticar llegaron
lo harían tan en secreto,
y de modo tan discreto,
que ocasión no presentaron
de tocarles el coleto.
¡Y los pueblos recibieron
este ejemplo, sin chistar
los curas, ni predicar
contra los que asi supieron
su grey escandalizar!
Esos mismos curas, antes,
llenos de celo divino,
proclamaron libertino
al que tuvo en sus estantes
la Biblia sin Belarmino.
¿Por qué toleró aquel mal
sin resollar el pastor?
porque era gobernador,
o era el señor general
el escandalizador.
Pues menos no quiero ser,
siendo también gobernante:
tendré diez, si esto es bastante,
y ciento, si es menester,
sin que ninguno se espante.
Así se puede vivir,
así se puede mandar,
y gozando preparar
un regular porvenir
exento de mendigar.
En fin, no por ganar fama
doy en una obra didáctica,
como en un manual de táctica,
la expresión en un programa,
de mi política práctica.
Y si es que a mi diligencia
ayuda un poco la suerte,
no me ha de coger la muerte,
sin poner en evidencia
lo que mi programa advierte.
Entonces he de cantar
en un arpa bien templada
y con voz muy entonada
la copla que he de dejar
al fin de éstas cónsignada,
Aprended flores de mi
lo que va de ayer a hoy:
ayer era un tararí
ved hoy la altura en que estoy
y qué maravilla soy.
aprended flores de mi.
En El Constitucional , N° 330, Mendoza, 30 de Enero de 1853.
Carta de MARTIN FIERRO a JUAN MANUEL BLANES, por el cuadro de los 33
Amigo don Juan Manuel,
que se halle, me alegraré,
sano del copete al pie.
Y perdone si en su carta
algún disparate ensarta
este servidor de usté.
Una suya recebí
punteada con todo esmero,
y al verlo tan cariñero
dije para mí, a este Blanes,
no hay oriental que le gane
como amigo verdadero.
Y aunque me diga atrevido
o que a la Luna le ladro,
como ese bicho taladro
que no sabe estarse quieto
en todas partes me meto
y me metí a ver "su cuadro".
Por supuesto, los diez pesos
los largué como el mejor,
yo no soy regatiador,
y ya dentré a ver después
los famosos "Treinta y tres"...
¡Ah, cuadro que da calor!
Me quedé medio azorao
al ver esa comitiva.
Lo miré de abajo arriba
pero, ¡que el diablo me lleve!,
si parece que se mueve
lo mesmo que cosa viva.
Encima le han colocao
un sol que valdrá un tesoro.
Lo habrán puesto, no lo inoro
como en el naipe español;
pues habrán dicho esos toros
"a todos alumbra el sol".
Y esa gente tan dispuesta
que su páis va a libertar,
no se le puede mirar
sin cobrarles afición...
¡Si hasta quisiera el mirón
poderlos acompañar!
Para mí, más conocida
es la gente subalterna;
mas se ve que quien gobierna
o lleva la dirección,
es un viejo petizón
que está allí abierto de piernas.
Tira el sombrero y el poncho
y levanta su bandera
como diciendo "Andequiera
que flamé se ha de triunfar,
vengo resuelto a peliar
y que me siga quien quiera."
Le está saliendo a los ojos
el fuego que el pecho encierra,
y señalando a la tierra
parece que va a decir:
"Hay que triunfar o morir,
muchachos, en esta guerra."
Y animando aquella gente
que a lidiar se precipita,
mientras se mueve y agita
con la proclama del viejo,
hay uno que dende lejos
le muestra una crucecita.
Cerca de él hay otro criollo
de poncho y de bota fina.
Se ve que en la tremolina
hará aujero si atropella,
ha agarrao la carabina
como pa darles con ella.
Al lao, el de camiseta,
ya deja ver que es soldao;
está muy arremangao
como hombre resuelto a todo,
se le conoce en el modo
que ha sido algún desalmao.
Hay otro de pantalón,
tirador bordao de seda;
que le resista quien pueda
cuando llegue a gritar ¡truco!
ha echao al hombro el trabuco
y se ha metido en la rueda.
De pantalón va también
otro de sombrero al lao;
es resuelto y animao
pero de un modo distinto:
tiene el naranjero al cinto
y parece más confiao.
Hay otro viejo gritando:
"¡A mí naides me aventaja;
en cuanto suene la caja
he de responder al grito!"
Tiene en la mano un corvito
que ha de estar como navaja.
Ese que está arrodillao
no me deja de gustar,
uno puede asigurar
que va a decir -cuando hable-
"Todos tienen que jurar
sobre la hoja de este sable."
Que ha de haber sido algún bravo,
en el ademán se alvierte;
y para estar de esa suerte,
dije yo, lo han elegido
o por ser más decidido
o por tener bota juerte.
Me gusta el de casaquín,
se le nota el movimiento
como que en ese momento
tira su sombrero arriba,
a tiempo que pega un "¡viva!"
medio loco de contento.
Pero entre tanto valiente
dende lejos se divisa
el que en mangas de camisa
se hace notar el primero.
Un gaucho más verdadero
no he visto, ni en los de Urquiza.
Espuela y botas de potro,
todo está como nacido;
es patriota decidido,
se ve que resuelto está;
para mejor, le ha salido
medio escaso el chiripá.
En el amor y en la guerra,
en todo habrá sido igual;
tiene, en trance tan formal,
el enemigo en contorno;
pero no olvidó el adorno
de cola de pavo-rial.
Le adivina la intención
todito aquel que lo vea;
para dentrar en pelea
revela hallarse dispuesto,
y de fantástico ha puesto
de dragona la manea.
Lleva su ropa y sus armas
como quien las sabe usar;
con gracia sabe arreglar,
su trabuco en la cintura;
muestra ser por la figura
sin asco para matar.
Y además de algunos otros,
me ha llamado la atención
uno que está en un rincón
como quien no dice nada,
se ha largao a la patriada,
descalzo y de pantalón.
Y yo, para mí, decía:
éstos hacen lo que deben;
y varones que se atreven
con voluntá decidida
a jugar ansí la vida,
tal vez ni cigarros lleven.
Van a libertar su páis,
peliando con valentía;
quizá ni ropa tendrían,
pero nada los sujeta;
hasta las mismas maletas
están, ¡ay!, medio vacías.
La carabina y el sable
que están tirados allí,
pensé yo al verlos así:
o alguno se ha hecho avestruz
o son de aquel de la cruz,
que los ha dejao allí.
A la distancia se llevan
el bote los marineros,
los mismos que lo trujieron
se retiran apuraos.
Ya se ve, que les hicieron
la compañía del horcao.
Parece que van diciendo:
"Áhí quedan sin esperanza,
y vámonos sin tardanza,
si viene juerza enemiga;
tal vez ninguno consiga
escapar de la matanza."
Yo los hubiera agarrao
a los que el bote se llevan;
justo es que a todo se atreva
el hombre que hace la guerra;
cuando pisaron en tierra
debió principiar la leva.
No meto en esta coplada
a todos, pa no cansarlo;
pero debo confesarlo,
amigo, y se lo confieso,
yo le saqué los diez pesos
al cuadro, tanto mirarlo.
Cuente si son "treinta y tres",
Si en mi cálculo no yerro:
con ésta mi carta cierro,
amigo, me planto aquí.
Ni Cristo pasó de allí
ni yo tampoco
Martín Fierro.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
